15/11/08

La Ideal: punto de encuentro entre el tango y la historia.

El café de Buenos Aires, con todas sus variantes posibles, ha sido un verdadero hacedor de buena parte de la sociedad porteña. Como antecedente, los historiadores identifican como precursor al Café de Marco, aquel reducto del mil ochocientos ubicado en la zona de San Telmo en el que los escritores, periodistas e intelectuales de la época, motivados por Mariano Moreno, formaron la Sociedad Patriótica.

En el café porteño se gestaron los partidos políticos y por ellos se difundieron movimientos populares. Asimismo, el café no tardó en ser adoptado por los habitantes de la época como la “Universidad” de la vida ya que allí se podía aprender todo aquello que ninguna casa de estudios enseñaba; como dice el tango “Cafetín de Buenos Aires” se aprendía filosofía, dados, timba y hasta poesía.

Allí se lloraba el primer desengaño, se aprendía a fumar y se conseguía un puñado de amigos que hasta después de muertos seguían guiando a los que quedaban en la tierra. En definitiva, el café a principios de siglo era toda una institución que a lo largo de los años y pese a la crisis, ha tratado de mantenerse vivo, evitando morir en el intento.

El traspaso del café a la confitería

Con la llegada del siglo XX, no solo los cafés de Buenos Aires, sino de todo el mundo sufrieron diferentes transformaciones. Mientras que en París se fundaban el Aux deux Magots y el Café del Flore, que serían un punto de encuentro de los personajes más representativos del mundo intelectual francés (como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus) en la capital porteña también se hizo sentir la necesidad de un cambio en la forma de los cafés.

Así es como el típico café porteño comenzó a adquirir un cierto tono de distinción y de paquetería transformándose en confitería. Aquellas intentaban ser un café “con algo más”. Se comienza entonces, a cuidar la presentación del lugar, se cambian las viejas sillas y mesas de madera por mesas de mármol o por otras fina y distinguidamente enmanteladas, y se incorporan, además, columnas de estilo clásico, y hasta algunos bares llegaron a comprar lámparas con excéntricos caireles como signo de la ampulosidad en la que se vivía por entonces.

Pero lo más extraño para la época fue la incorporación del despacho de masas y confituras al público. Otro aporte novedoso fue el de imponer la costumbre –desusada hasta entonces- de servir el té a los clientes ya que hasta ese momento estaba era considerado un brebaje que recetaban los médicos únicamente para una finalidad terapéutica.

De esta forma en el centro porteño surgieron las confiterías más tradicionales como La Richmond (en Florida al 500), La Helvética, La del Molino (cuyo edificio sería declarado monumento histórico nacional) y La Ideal que fue una de las más importantes de la época, debido al público que atrajo tanto del ámbito nacional como internacional.

Los orígenes

La Ideal según consta en registros de la ciudad fue inaugurada en 1912, en el mismo lugar que se encuentra actualmente, en la calle Suipacha 360. Hoy se encuentra a metros del obelisco, pero por entonces, aquel símbolo porteño ni siquiera estaba en la imaginación de sus creadores. El año 1912 fue un año muy especial en la historia universal. En materia internacional: en alta mar se hundía el Titanic, en España moría el escritor Menéndez Pelayo y en Rusia los bolcheviques lanzaban el revolucionario diario “Pravda”.

En cambio en la Argentina, la política daba un giro fundamental, ya que se aprobaba la Ley de sufragio libre, se creaba la Asociación Wagneriana y en el ámbito literario dejaba de existir Evaristo Carriego “el poeta de los barrios porteños” mientras que el diplomático Enrique Larreta publicaba “La gloria de Don Ramiro” una de las obras referenciales de la literatura argentina.

Lo cierto es que el primer recinto original de la confitería funcionó como salón de té y se hizo famoso por su “Orquesta de Señoritas” , algo poco visto en la época, ya que por entonces no se acostumbraba a que las mujeres asistieran al café , dado que ese era un pasatiempo reservado sólo para los hombres.

La Ideal desde sus comienzos estuvo decorada con las bellísimas columnas de mármol y las puertas estilo art nouveau que aun hoy conserva. De un refinamiento y un buen gusto sólo comparable al imponente y deslumbrante café Tortoni, la confitería se caracterizó por tener entre su clientela público netamente femenino.

Uno de los mozos cuenta: “Allá por los años cuarenta entre las 4 y las 6 de la tarde, el salón se colmaba de chicas que trabajaban en las oficinas de los alrededores y venían a tomar el té después de su horario de trabajo”. Los sábados, también se realizaban despedidas de “solteros” no así de “solteras” ya que los dueños de la confitería creían necesario no mezclar los sexos entre la clientela.

Quiénes la visitaron

Entre los personajes más emblemáticos que pasaron por ella figuran: Evaristo Carriego, Florencio Sánchez, Luigi Pirandello, Juan Domingo Perón, Edith Piaff, Charles Trenet, Maurice Chevallier, (quien intercambió teléfonos con uno de los camareros y mantuvieron una excelente amistad vía epistolar hasta la muerte del cantante) y la controvertida Josephine Baker, vedette de lujo del Lido de París.

La mexicana María Félix y Eva Perón fueron las primeras mujeres famosas que asistieron juntas a tomar el té una tormentosa tarde de junio allá por 1946. Años más tarde llegarían María Callas y Aristóteles Onassis, Guy Williams, Catherine Deneuve, Marcello Mastroianni, Vittorio Gassman, Sofía Loren, el director español Pedro Almodóvar , Maurice Bejart, Klaus Kinsky, el grupo “Los Plateros” , Jorge Donn, Maya Plisetskaya, los reyes de España y el pintor Andy Warholl. Incluso Alan Parker rodó en el salón principal de la planta baja escenas para su film “Evita” la ópera protagonizada por Madonna.

Con el paso del tiempo debió aggiornarse a las necesidades del público con lo cual fueron variando la calidad de espectáculos que ofrecían. Entre 1979 y 1981 se convirtió en café-concert. El grupo “Los 5 latinos” cantó allí junto a Estela Raval y el maestro Carlos Figari ejecutó diferentes piezas junto al intérprete de tango Enrique Dumas.

Evita y la muerte bailan tango en “La Ideal”

En 1996, el director Alan Parker rodó junto a Madonna una de las escenas de su film “Evita”. Recuerda el dueño de la confitería que la noche del rodaje debieron cerrarse las puertas para preparar la escena. Pero la filmación no se pudo realizar con total tranquilidad debido a que cientos de fans de la cantante pop , se agolparon en las puertas del bar y destrozaron los vidrios de las vitrinas obligando a la policía a cortar durante casi 15 horas la Calle Suipacha entre Corrientes y Sarmiento.

Una vez finalizado el rodaje, un camión celular de la comisaría Tercera de la Capital Federal fue el encargado de trasladar a Madonna hasta el Hotel Park Hyatt , dado que Parker temía por la seguridad de la diva.

Años mas tarde, en el 2002, Eliseo Subiela optó por el primer piso de la Ideal para filmar una escena para su película “El lado oscuro del corazón II” en la que el siniestro personaje de la muerte (excelentemente personificado por Nacha Guevara) se da cita con el poeta Oliverio (Darío Grandinetti) luego de diez años de ausencia y cierran una profunda conversación bailando un tango. La escena, de un altísimo valor metafísico obedece a la estética renovadora impuesta por el director argentino.

La Ideal, hoy

En la actualidad, en el primer piso se encuentra el salón destinado a todos aquellos que quieran compartir la pasión por el tango y se ha convertido - gracias a la concurrencia de estos “milongueros” – en uno de los sitios recomendados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como uno de los sitios imperdibles para todos aquellos que estén visitando la ciudad.

Además, en los últimos años se ha alquilado el salón de baile a adolescentes para fiestas privadas, lo que ha provocado un notable deterioro de las instalaciones. Hasta mediados del 2002 por la noche funcionó un disco, que terminó siendo clausurada debido a los “desastres” que provocaban los jóvenes que asistían. Lo cierto es que la Ideal de hoy, bastante poco tiene que ver con aquella de los años de gloria.

La confitería abre sus puertas a las 8 de la mañana y muchas veces los mozos deben esperar hasta la tarde para recibir al primer cliente. Poco queda de esos tiempos de gloria en los que lo mejor de la escena mundial pasaba por ella dando testimonio de la grandeza del café porteño.

Los hombres del siglo XXI – a diferencia de aquellos del 1900 – obligados por el ritmo vertiginoso que obliga la modernidad, han cambiado el “café expreso” de antaño por el café rápido que muchas veces deben tomar parados en esos bares al paso, modernos, con luces dicroicas y con un sentido funcional de la estética, que parecen salidos todos de la imaginación del mismo arquitecto.

Hoy se sufre de falta de tiempo, falta de dinero, falta de imaginación, falta de conciencia y falta de memoria. Y se sabe que los pueblos que no tienen memoria están condenados al fracaso por que van camino a la pérdida de su identidad. Y quien pierde su identidad, también pierde su dignidad.

Mientras tanto, en el número 360 de la Calle Suipacha, tras los vidrios de una vieja puerta estilo Art Nouveau, los fantasmas de cantantes, escritores, actores, pintores, políticos, señoritas de orquesta, jóvenes muchachas que salían de sus trabajos y demás personajes de la misteriosa Buenos Aires, al apagarse las luces del café, seguramente bailarán un tango, recordarán la tarde que lloraron el primer desengaño; nacieron a las penas, bebieron sus años y se entregaron sin luchar.

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