26/7/10

Drácula, el gran ausente de Bucarest

¿Por qué otras cuestiones además del Conde Drácula son conocidos los rumanos?. Seguro que quienes hagan un esfuerzo mental podrán decir que por ser los que dieron origen a la población gitana, por ser un país de los más pobres del este europeo, por contar entre sus figuras mas conocidas a personajes con apellidos de dificultosa pronunciación (tales como Nicolae Ceauceascu o Nadia Comaneci) o por ser uno de los polos del viejo continente donde parece que las únicas formas posibles de progreso son la prostitución o el exilio.

Así es como teniendo en cuenta la fama del vampiro, imaginé que al llegar a la ciudad me vería invadido por toneladas de merchandising que exhibiera la huesuda y terrorífica cara de Vlad Tepes (así es como se llamaba realmente Dracula) pero para mi sorpresa, nada de eso sucedió. A medida que pasaban las horas y empezaba a recorrer los principales puntos de la ciudad, me di cuenta de que el personaje que más famoso había hecho al país, increíble y hasta casi, injustamente, no tenía un lugar en las vidrieras, mostradores de museos, en librerias ni en los cafés más importantes de la ciudad.

Pregunté a la joven camarera de un bar en la zona cercana a la Plaza de la Revolución: -¿Dónde se pueden comprar recuerdos de Drácula?. Con una mirada entre atónita y dudosa, me respondió fríamente con un inglés rumanizado: “en Transilvania, aquí no hay nada”. Pero como la expresión de mi cara se vio modificada ante la negativa contundente que me acababa de lanzar, se apiadó de mí, se dirigió hacia un hombre cuarentón con cara de ruso que armaba un cigarro de marihuana y, luego de gesticular y hablar extremadamente rápido en su lengua me recomendó caminar unos doscientos metros en dirección hacia la Calea Victorieii (una de las arterias mas concurridas de la ciudad) ya que allí se “encontraría” (juro que usó el tiempo condicional) el único bar temático que, aparentemente, había en Bucarest.

Salí del bar y caminé por la Calea según las indicaciones. Al llegar me encontré con una pequeña construcción envejecida, con una puerta negra y unas paredes vetustas sobre las cuales colgaban trozos de gomaespuma pintada de rojo (que a decir verdad, más se parecían a excremento de perro que a una representación seria de la sangre que según se dice, tanto le gustaba al conde valaco). Al ver la fachada grande fue mi alegría, ya que creí que había encontrado un lugar donde reunirme con el mayor mito de los rumanos, pero lo cierto es que, al acercarme al minúsculo cartel que se exhibía en la entrada, no sólo me encontré con un horario algo ridículo (abrían algunos días a las 16.00 y otros a las 17.00 hs) sino que, debajo de él, se exhibía la frase “Abierto para ocasiones especiales”.

Decepcionado y herido en mi orgullo de viajero ávido por coleccionar íconos como trofeos de guerra, me senté en la escalinata del lánguido bar y, antes de sacar el mapa para ver por donde seguiría mi recorrida, pensé cuáles serían esas “ocasiones especiales” en las que los jóvenes rumanos quisieran plantearse un encuentro cara a cara con el espíritu del príncipe de las tinieblas.

Mientras tanto, a ciento de kilómetros de allí, en Transilvania, seguro que decenas de turistas de todo el mundo con mucha mejor suerte que la mía, se fotografiaban junto a las máquinas de tortura usadas por el afamado Vlad y hasta alguno más osado, posaría en uno de esos sillones barrocos en los que, alguna vez, el conde ocupaba junto a sus extrañas amantes vampirizadas en el tenebroso castillo ubicado en el pico más alto en la cima de los Cárpatos.

2 comentarios:

  1. Es verdad.Estuve en Rumania hace unos meses y fuera de Transilvania no hay nada de Drácula. En las librerías solo te venden el libro de Stocker y nada mas. Ni en el aeropuerto pude conseguir nada!. Muy bueno el Blog. Los seguiré leyendo.

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  2. Drácula es lo mas! que raro que no tengan nada en Rumania

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