10/9/08

Eran diez indiecitos

Ocho personas que no se conocen entre sí, viajan en una embarcación rumbo hacia una lejana isla para pasar un fin de semana. Ninguno de ellos sabe quien es el otro ni a que se dedica, pero todos fueron invitados por un enigmático Señor Owen para compartir algunos días en la casona situada en una de las colinas de la misteriosa isla.
Al llegar ala casa, una pareja de mayordomos (el Sr. y la Sra. Rogers) los recibe, los ubica a cada uno en sus cuartos y les anuncia que durante el almuerzo se les comunicará el motivo de la invitación.
Una vez ubicados en la mesa, cada uno de los invitados se presentan poniendo al descubierto sus verdaderas identidades: un detective (David Blore), un juez retirado (Lawrence Wergrave), un médico alcohólico (Dr. Armstrong), un militar (General Mc. Arthur), una bella joven (Vera Claythorne), una solterona fría y calculadora (Srta. Emily Brent), un aventurero hindú (Phillipe Lombard) y un joven con rasgos de atormentado (Anthony Marsden).

Hechas las presentaciones, el mayordomo coloca un disco en un fonógrafo y todos quedan anonadados al escuchar que en vez de música, el aparato reproduce un mensaje grabado por el mismo Sr. Owen, en el que les informa que cada uno de ellos ha sido convocado a esa isla para confesar los crímenes que han cometido en el pasado y por los que aún no han pagado.
Pero no solo el disco con la voz de Owen será lo que sorprenda a los huéspedes. En el centro de la mesa, reposan sobre una columna de mármol, diez estatuillas con forma de indios, lo cual los hace pensar que quizás cada una de las estatuas represente a uno de ellos.
Y esa es la verdadera interpretación. Las esculturas fueron hechas especialmente para contabilizar la muerte de cada uno de los personajes (que se irán produciendo todas de forma muy misteriosa)y eso obligará a que indefectiblemente sospechen unos de otros y se vean compelidos a armar alianzas y estrategias a medida que el tiempo avance y la muerte los aceche.
Así es como con el correr de las horas, la venganza del Sr. Owen se pone en marcha. El aventurero hindú cae muerto luego de atragantarse con un vaso de whisky, la Sra. Rogers aparece sin vida en su cama, el mayordomo es asesinado en el depósito de leña, el detective muere aplastado por una columna que cae sobre su cabeza e inexplicablemente, sobre el centro de mesa, cada vez menos indios van quedando en pie.

Basada en la novela homónima de la genial Agatha Christie y adaptada por Dudley Nichols, el director francés René Clair rodó este clásico de la literatura policíaca sin saber que se convertiría en una de las piezas más reconocidas del género. Desde su estreno en 1945 (a poco de finalizada la Segunda Guerra Mundial) hasta la fecha, el film posibilitó que la obra se convirtiera en uno de los libros mas vendidos y representativos de la autora, ubicándolo entre las mayores obras maestras del suspenso, además de considerarla la mejor de toda la colección de novelas que componen su bibliografía.
Clair toma el texto de Christie y lo interpreta hasta en sus más íntimos detalles. Los diálogos, la disposición de escenarios (tanto en la isla como en la casa), los muebles, el vestuario y los perfiles psicológicos de cada uno de los invitados fueron concebidos respetando celosamente aquellos descriptos en el texto original.

Al ser una película en blanco y negro, el director se permitió jugar con algunos claroscuros que tienden a realzar muchos de los momentos de tensión (uso expresionista) que a lo largo de los 98 minutos que dura la historia, van cayendo uno tras otros como si se de fichas de dominó se tratara.
Otro elemento digno de destacar es la fotografía, ya que desempeña un papel de gran importancia al utilizar algunos encuadres y ángulos de cámara bastante novedosos para la época.
Por momentos, algunas de las vistas panorámicas de la isla (ubicando la cámara fuera de ella, para que oficie como el ojo del espectador) logran transmitir el desamparo y la incertidumbre en la que se encuentran los personajes, quienes deberán ingeniárselas para sobrevivir a las fuerzas del imaginario Sr. Owen, valiéndose nada más que del ingenio y de sus instintos de supervivencia.

Eran diez indiecitos es una pieza de gran importancia en la historia del cine, ya que queda demostrado que varios de los elementos que la componen, han significado una fuerte influencia para muchos cineastas que años después incursionaron en el género. Además está considerada como la mejor adaptación cinematográfica que se haya hecho de un texto de Agatha Christie, la gran dama del crimen y el misterio.

ERAN DIEZ INDIECITOS. (Inglaterra, 1945) Dirección: René Clair, Basada en la obra homónima de Agatha Christie “And Then there were none”, Elenco: Barry Fitzgerald, Walter Huston, Louis Hayward, Roland Young, June Duprez y Queenie Leonard. Fotografía: Lucien Andriot, Duración: 98 minutos. Blanco y Negro

Sitio oficial Agatha Christie

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails