20/2/08

Paradise Now, el nuevo thriler psicológico de Hanny Abu Assad

Ante cada noticia publicada en los diarios sobre casos de inmolaciones en el territorio palestino, todos nos hemos hecho preguntas como ¿Qué pasa por la cabeza de alguien que sabe que va a morir? O ¿Alguien puede anular el instinto de supervivencia invocando el nombre de Dios? Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, las respuestas posibles son tantas (y tan disímiles) que no queda mas que considerarlas planteos retóricos a los que se debe dejar librados a las infinitas interpretaciones que el imaginario colectivo pueda darles.

Es por eso que, basándose en esas preguntas que se hace buena parte de la población mundial, Hany Abu-Assad se decidió a plasmar en 87 minutos de película, un repaso detallado de las últimas 24 horas en la cabeza de alguien que sabe que se va a morir y que, a cambio de su sacrificio, alcanzará automáticamente un lugar de privilegio en esa entelequia cultural a la que muchos fundamentalistas llaman “Paraíso”.

Así es como en Paradise Now, el director somete a la prueba santa a dos jóvenes amigos palestinos (Said y Khaled) que habitan en un pequeño pueblo de Cisjordania, donde realizan tareas en un taller mecánico para sostener a sus familias (que en el caso de Said ha quedado desmembrada ya que su padre fue asesinado por los israelíes durante la ocupación de la frontera) De esa forma, mantienen una vida aparentemente en calma, pero todo cambia cuando un agente terrorista les comunica que han sido elegidos para inmolarse en territorio israelí con el objetivo de vengar la muerte de un joven del mismo barrio al que asesinaron antes de que pudiera llevar a cabo la operación.

Recibida la noticia, ambos amigos pasan la última noche junto a sus familiares (a los que no deben informarles acerca de la misión) y en esas interminables horas se desatará un proceso psicológico bien diferente en cada uno de ellos, ya que, para Khalid –por ejemplo- la elección de llevar a cabo la operación supone lo mejor que le pudo haber pasado, ya que se asegurará la entrada al paraíso por la puerta grande, mientras que, para Said, el resultado es bien distinto.

Cargado de dudas y con una inseguridad propiciada por su falta de fe, comienza a tomar conciencia de todo aquello que perderá en el mismo momento en que tire de la cuerda ubicada bajo su camisa y active el cargamento que tendrá pegado en el cuerpo (y que lo hará volar por los aires en cuestión de segundos)
Finalmente la noche pasa y llegada la mañana, ambos amigos son llevados a una casa abandonada en la que, los organizadores del atentado, les cambiarán la fisonomía, les colocarán los explosivos y los vestirán con ropas adecuadas para no ser reconocidos por el enemigo. Una vez superada esa instancia, los transportan hacia la frontera con Israel, pero al intentar cruzar, la policia los descubre y se desata una balacera, obligándolos a volver a su país.

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