2/9/08

Una bella metáfora de la dignidad


El blues es un género musical nacido en los Estados Unidos a principios del 1900, que surgió como manifestación cultural en el seno de los esclavos africanos, aquellos que a diario vendían su libertad a cambio de un plato de comida en las plantaciones de algodón en las afueras de Misissipi. Con ese canto, los negros lograban aplacar sus tristezas y seguramente anestesiar por unos breves instantes el sueño de alcanzar la libertad y partir hacia nuevas tierras, donde pudieran elegir libremente qué tipo de vida quisieran llevar.

En la actualidad, si bien la esclavitud fue abolida y la libertad es un derecho que ningún país que se precie de desarrollado se animaría a poner en tela de juicio, aún subsisten regímenes en el mundo que someten a sus pueblos al restringido uso de sus libertades, como la única forma imaginable de sostener la estructura gubernamental, olvidándose la mayoría de las veces, del costo humano, social y cultural que dichas prohibiciones conllevan.
Uno de los mejores ejemplos de esto fue la implantación del régimen Castrista. Y es justamente dentro de él que se planta Benito Zambrano para contar la historia de Habana Blues, su último largometraje, con el que volvió luego de cinco años de ausencia, desde su ópera prima estrenada en 1999 (“Solas”) y que significó su ingreso por la puerta grande a las pantallas del mundo hispanoparlante.

Habana Blues fue ideada en 1995, mientras el director (por entonces alumno) cursaba sus estudios de cine en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, y cuenta la historia de Ruy y Tito, dos amigos que habitan en la Habana y comparten el sueño de convertirse en estrellas de la canción para poder llevar su música a diferentes públicos y escenarios del mundo. Mientras esperan que alguno de los turistas que pueblan las calles o las playas de la ciudad les dé la oportunidad de escucharlos o de producirles un disco, pasan sus días tocando en sitios tan dispares como insólitos (fiestas particulares, tertulias para turistas y conciertos improvisados a orillas del mar).

Ruy está separado de Caridad (una joven artesana que acaba de abandonar sus estudios para dedicarse al hogar) y con ella tiene dos hijos pequeños. En cambio Tito, vive con su abuela (una vieja cantante de boleros que guarda cierto parecido con Omara Portuondo). A su vez, ambos comparten un viejo Cadillac rojo modelo 52, el cual adoptaron como el móvil oficial de la banda y con el que intentan apagar el hastío que les produce saberse encerrados en la isla.

Pero sus suertes parecen cambiar el día que a La Habana llega una pareja de españoles, representantes de una importante discográfica, que fueron enviados especialmente para buscar la nueva estrella de la música cubana para incorporarla al mercado latino de Estados Unidos. Así, enterados de esta visita, los amigos se presentan como guías especializados y se ofrecen para mostrarles a los productores los diferentes sitios en los que pueden encontrar músicos ávidos de fama.
En poco tiempo, ambos se ganan la simpatía de los españoles y éstos deciden tenerlos en cuenta para el proyecto discográfico, lo cual produce en Ruy y en Tito la esperanza de poder salir de la isla, lograr una independencia económica y la posibilidad de vivir en España, tres elementos que subyacen indiscutidamente en el imaginario colectivo de muchos cubanos.
De esa forma comienza una carrera vertiginosa contra el tiempo. Los productores les exigen durísimos ensayos para comenzar con las grabaciones, obligándolos a pasar prácticamente días enteros en la sala de sonido que montaron para tal fin, pero muchas veces los resultados no son los esperados, ya que el inicio de las pruebas coincide con la noticia de que la esposa de Ruy, tomó la decisión de cruzar a Miami con los niños, a bordo de una lancha que transporta noche a noche decenas de inmigrantes.



Es por eso que, movilizado por la crisis que le produce el inevitable desmembramiento al que será sometida su familia, Ruy comenzará a plantearse si realmente está dispuesto a ponerse bajo las órdenes de los productores españoles, quienes llegan al punto de pedirles que una vez que estén en Madrid, a modo de estrategia de márketing, se autoproclamen prohibidos por el régimen y difamen públicamente la figura de Fidel Castro.
Lo cierto es que la crisis del músico, sumada a una serie de elementos que hacen vislumbrar una vil explotación por parte de la discográfica, desembocan en la decisión de Ruy de abandonar el proyecto, lo cual le costará la amistad con Tito, quien ve frustrado el sueño de salir por primera vez de Cuba y comenzar una nueva vida en la “Iurop” (término que repite hasta el hartazgo a lo largo de la historia).
Con este sencillo pero profundo guión, Benito Zambrano se coloca como un ojo omnisciente que recorre la Habana, para mostrar temáticas que no competen sólo a los cubanos, sino que son comunes a cualquier persona.Así es como, posicionado sobre la problemática que representa el deseo de abandonar la vida en la isla para vivir un futuro mejor, pasa revista a cuestiones inherentes al hombre, tales como la revalorización de la familia, el papel de la amistad, la defensa de los ideales (sobre todo de aquellos que se encuentran íntimamente ligados a la dignidad) y los somete a la comparación valorativa constante con otros menos profundos como el éxito, el dinero o la fama.

Uno de los grandes aciertos del film es que lejos de esbozar una mirada tendenciosa sobre el régimen castrista o acerca de las decisiones que toman quienes lo viven desde adentro, Zambrano se limita a mostrarlos, pero absteniéndose de emitir juicios de valor. Así es como se pueden ver totalmente despojadas de valoración la huída nocturna de Caridad y los niños en una lancha,o la de Tito, al embarcar el avión que lo llevará a Madrid, donde podrá rehacer su vida de una forma distinta a la que creía estar predestinado.
Uno de los aspectos que más sorprende (por innovador)es que el director logró darle al film una estética muy particular, incluyendo algunas tomas que, sometidas a un proceso de digitalización, plantean por momentos, cierta mirada documental (por ejemplo en aquellas en las que registra el desplazamiento de los personajes por la Habana vieja, o las de los recitales de Ruy y Tito en lugares públicos), la cual ante los ojos del espectador produce una intensificación del realismo y potencia la trama.

La mejor definición que se pueda hacer de esta película, quizás sea aquella que se desprende del discurso del mismo Zambrano, cuando en rueda de prensa dijo que “En un trasfondo donde la risa y los sentimientos conviven con naturalidad, el problema del desarraigo cultural y emocional se manifiesta a través de los protagonistas que buscan su propio camino en una bella metáfora de la dignidad”.

HABANA BLUES. (2005. España) Dirección: Benito Zambrano. Elenco: Alberto Joel García Osorio, Roberto Sanmartín, Yailene Sierra,Marta Calvó, Roger Pera. Guión: Benito Zambrano y Ernesto Chao. Música: Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galván. Fotografía: Jean Claude Larrieu. (Duración: 117 minutos, Color)

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