19/8/08

Una de espías, agentes y simuladores

La década del 30, marca en la carrera del prolífico Alfred Hitchcock, lo que muchos historiadores identifican como el “período inglés” del cineasta. A fines de los años 20 cierra su etapa de películas mudas y a partir de 1931, comienza a pergeniar algunas de las obras de suspense, género que finalmente determinaría el particular estilo con el que años mas tarde pasaría a la historia como uno de sus grandes mentores.
Así es como en 1932, ya afincado en Inglaterra, filma El número 17 (pequeño film sobre el robo de un collar) y en 1935 acapara la atención de la opinión pública con la versión original de Los 39 escalones, film que años más tarde sería nuevamente versionada por otros directores (la última fue la que representó Robert Powell en 1978) y se transformaría en el gran clásico para los amantes del género.
Tal fue el éxito alcanzado con aquella intrigante historia entre una agente inglesa y un hombre obligado a desentrañar su crimen, que cuando en 1936 estrenó El Agente Secreto, poca fue la repercusión que tuvo, quizás por que el público inglés de entonces pensó que era imposible que un mismo cineasta pudiera producir dos éxitos taquilleros seguidos y menos que pudiera superar a la anterior pieza.

Pero lo cierto es que, lejos de ser esa una realidad, El Agente secreto es una magnífica obra hitchcockiana, que si bien no supera a la anterior en cuanto a la historia, sí lo hace en calidad interpretativa, ya que contó con las actuaciones de un brillante elenco, integrado por 4 grandes estrellas de la época como lo eran Madeleine Carroll, Peter Lorre, John Gielgud y Robert Young.

En ella, Hitchcock cuenta la historia de Edgar Brodie (interpretado por John Gielgud), un militar inglés con una gran afición por la escritura de novelas, quien regresa a su país luego de haber luchado en la Primera Guerra Mundial y se encuentra con la noticia de que sus familiares lo han dado por muerto, y que su aparente funeral se llevó a cabo hace nada menos que dos días. Allí, Brodie se reconoce como un ser sin identidad y es tentado por el gobierno americano para cumplir una misión en el extranjero, la cual lo llevará a viajar a Suiza, con un nuevo nombre (Richard Ashenden) donde deberá identificar y detener a un peligroso espía que está a punto de huir a Constantinopla (actual Estambul) con un gran secreto bajo el brazo.

Para poder llevar a cabo la misión secreta, el gobierno americano le pondrá dos colaboradores: Madeleine Carroll (como su esposa, la Sra. Ashenden) y un militar mexicano retirado (personificado por el genial Peter Lorre). Con ellos dos, deberá descubrir quién de los cientos de huéspedes que habitan el lujoso hotel , es el agente secreto que intenta huir con la pista clave que los americanos quieren preservar.

De esa forma, presentada la historia, el genial maestro del suspenso comienza a jugar con los personajes como si se tratara de fichas de ajedrez. La supuesta esposa de Brodie, aburrida con el papel que le toca jugar en la misión, comenzará una relación con un play boy que pasa la mayor parte del día en el casino, mientras que el ridículo militar mexicano y el ex militar, recorren la ciudad intentando encontrar alguna pista que los acerque al delincuente que tanto buscan, llevándolos a veces a ver posibles datos donde no los hay, y alejándolos del verdadero centro de la investigación, al mejor estilo de las novelas escritas por Agatha Christie (incluso la resolución del enigma nada tiene que ver con lo que el espectador cree).

El guión fue adaptado de la novela Ashenden, de Somerset Maughman y los dos aspectos que más sobresalen en el film son, por un lado, las actuaciones (en las cuales la de Peter Lorre logra eclipsar a la del anodino John Gielgud, protagonista de la historia) y por el otro el despliegue técnico que tuvo que desarrollar Hitchcock para poder llevar a cabo muchas de las escenas que conforman la historia (recreación de algunos paisajes suizos, persecuciones dentro del tren o la escena del descarrilamiento final).

El único punto en contra son algunos errores del montaje y edición, los cuales están más que justificados si tenemos en cuenta la reducida tecnología de la época, aunque esta pequeña falencia, finalmente termina compensada con muchos de los novedosos encuadres que el director despliega por vez primera en su filmografía (ej; planos detalle de la oreja del protagonista y los labios del mexicano, que se acercan a ella, con la intención de develarle un importante secreto) y que luego se transformarían en uno de los elementos más representativos de su estilo (recordemos los planos paralelos de Vértigo, cuando compara visualmente el rodete y las flores de la protagonista con los de la misteriosa mujer retratada en el cuadro del museo).

El Agente Secreto es una excelente pieza dentro de la carrera de Hitchcock. Cargada de intriga, misterio, suspenso, pero por sobre todas las cosas, rebosante de una búsqueda innovadora en la forma de relatar historias, la cual se irá perfeccionando film tras film y que finalmente lo posicionarán en la historia del cine, como “el gran maestro del suspenso”.

EL AGENTE SECRETO (1936, Inglaterra) Director:Alfred Hitchcock,Elenco: John Gielgud, Peter Lorre, Madeleine Carroll,Robert Young,Percy Marmont,Florence Kahn, Charles Carson y Lilli Palmer, Fotografía:Bernard Knowles


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