5/4/08

Una de judíos en el espacio



Luego de la escena inicial ambientada en el salón de actos de un colegio porteño (en el cual un grupo de niños interpreta una obra de teatro titulada “Judíos en el espacio”) la pantalla funde a negro y arroja una leyenda que dice: Año 5765 de la era judía” (1987 para la era cristiana). Acto seguido la cámara se traslada al living de una casa en la que una familia de origen semita se sienta a la mesa para compartir la cena y portando unos pequeños libros en hebreo, dan comienzo a la liturgia que, año tras año, se llevan a cabo en las fechas de Pesaj.


En ese mismo momento, Santiago, uno de los pequeños que actuaba en la obra escolar del inicio, se levanta de la mesa junto a los otros niños y, entre todos, comienzan a buscar los regalos escondidos en diferentes lugares de la casa. Pero al llegar a la habitación de su abuela, el niño descubre a Luciana, su prima de nueve años, que en vez de buscar el regalo, esconde en el bolsillo un fajo de dinero que encontró en uno de los cajones de la cómoda. Al sentirse descubierta por el pequeño primo, la niña le pide que no la delate y como recompensa por guardarle el secreto, le ofrece un beso.


Dieciséis años después, Santiago es todo un hombre y trabaja como ayudante de cocina en un reconocido restaurante porteño y asi transcurre su vida con total normalidad. De esa forma, una mañana es sorprendido por la visita de una joven a la que a simple vista no reconoce, pero luego de analizarla con detenimiento, se da cuenta de que la muchacha no es otra que Luciana, su prima a quien no veía desde aquellos años y que durante todo el tiempo que duró la ausencia de ésta, nunca pudo quitar de su cabeza.

Y sorprendido por la llegada de la joven, Santiago la invita a visitar su casa, pero antes de que la misma se produzca, un hecho inesperado (el intento de suicidio del abuelo de ambos) cambia el curso del destino y vuelve a unir a la familia que se encontraba desmembrada desde aquel año 5765.

Así es como en los pasillos y del hospital de fondo, y decenas de médicos y enfermeros transitando por allí, las tres hermanas – hijas del anciano suicida- se vuelven a cruzar y no tardan en aparecer viejos rencores del pasado. Es por eso que, teniendo en cuenta la tensa situación del reencuentro, los dos primos deciden planificar una nueva cena de Pesaj, con la intención de que la fecha sagrada ponga un poco de alegría y redención en los corazones de las atribuladas hermanas, las cuales a medida que avanza la trama quedan al desnudo como tres mujeres que se ocultan mas de lo que se dicen y que, durante años, guardaron algunos secretos que, de haberse sabido, hubiesen hecho tambalear la integridad de la tradicional familia en la que les tocó nacer.

Con este film, Lichtman expone un lienzo de la cultura hebrea partiendo del minúsculo universo de una familia de clase media acomodada y les hace vivir a cada uno de los personajes, las virtudes y defectos a los que están compelidos la mayoria de los seres humanos. Ya desde el guión, el director surca el camino propicio en la psicología de cada uno de los miembros de la familia para que se transformen en el receptáculo en el cual se anidan algunos de los pecados mortales identificados como aberraciones espirituales en la mayoría de las religiones (las hermanas –por ejemplo- sufren de avaricia, codicia, envidia y lujuria. El abuelo es víctima de una gula incontenible, y la nieta, pese a haber crecido y haberse desenvuelto como un ser adulto, aún sigue siendo víctima de una cleptomanía irrefrenable).

Pero además de exponer las debilidades humanas de un modo casi costumbrista, el director introduce algunas temáticas que tienen que ver con la doble moral a la que parecen estar sometidos aquellos grupos humanos que sostienen su unión en base a un modelo tradicionalista. Es por eso que en el desarrollo de la historia aparecen temáticas como el incesto (ya que no es otra cosa el amor que desde el silencio se profesan Santiago y Luciana, aún sabiendo que son primos hermanos y que sobre ellos pesa un legado de sangre), la no aceptación de la homosexualidad dentro del seno familiar (tal es el caso de José, el amigo del abuelo, quien durante años estuvo en pareja con un hombre, pero de eso nadie se atreve a hablar) o las crisis de fe y el replanteo de la felicidad que se hacen algunos de los personajes (el abuelo decide suicidarse por que ya no es feliz, y reduce la felicidad al momento en que se encuentra con el muñeco de Homero Simpson dentro de la cajita feliz de Mac Donald´s)

Desde lo técnico, el film cuenta con varios puntos a favor que lo hacen una pieza de nivel y que lo posicionan en un lugar de privilegio dentro de las producciones del llamado “Nuevo cine argentino”. El guión está meticulosamente elaborado y presenta una estructura dinámica que logra entretener y formar, a la vez que instala algunas cuestiones debatibles en la cabeza del espectador.

En cuanto a las actuaciones, se da un caso extraño, ya que no son los actores principales(Fernando Rubio y Luna Paiva) quienes mayor despliegue de dotes escénicas demuestran, sino que, los laureles, recaen inevitablemente en las labores de las tres hermanas, interpretadas por Verónica Llinás, Beatriz Spelzini y Romina Szneider, aunque tambien es digna de destacar la labor de Axel Anderson, quien logra convertir al abuelo de la historia en uno de los personajes más entrañables de los últimos tiempos en el cine nacional.
Los otros dos elementos que también merecen una mención especial son la música y la fotografía. La primera, a cargo de Diego Voloschin, ilustra los pasajes mas significativos de la historia basándose en una interesante selección de piezas litúrgicas y clásicos de la cultura hebrea. Respecto de la fotografía, (bajo la supervisión de Diego Polero) quizás debamos decir que fue el gran acierto del film, ya que con ella se logran algunos cuadros de composición que no sólo le otorgan a la pieza una estética inconfundible, sino que además, ayudan a realzar otros elementos escénicos como el vestuario y la escenografía.

Sin lugar a dudas, Judíos en el espacio es una comedia negra más que recomendable. Una pieza que por momentos remite inevitablemente a ciertos pasajes de Esperando la carroza (la joya del cine argentino dirigida por Alejandro Doria) pero que a la vez, desde su identidad diferenciada del resto de las producciones locales, expone como pocas lo han hecho las virtudes y defectos del pueblo judío, transformándose en un verdadero puente a la hora de acortar distancias entre dos mundos aparentemente tan distintos, pero iguales en cuanto a la condición humana, como lo son el católico y el semita.

Quienes estén en Argentina y adquieran el DVD, además de los típicos trailers, fotografías y spots publicitarios, se encontrarán con un cortometraje del director titulado El séptimo día, y que cuenta a través de una historia muy sencilla, cómo la comunidad judía modificó su vida y el modo de llevar a cabo la liturgia en los templos de Buenos Aires, luego de los atentados terroristas de la Embajada de Israel y la A.M.I.A (Asociación Mutual Israelita Argentina).

JUDIOS EN EL ESPACIO (2005. Argentina) Dirección: Gabriel Lichtman, Elenco: Fernando Rubio, Luna Paiva, Verónica Llinás, Beatriz Spelzini, Romina Szneider, Fotografía: Diego Poleri, Música: Diego Volschin. Duración: 90 minutos, Color.

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