1/8/09

Mitos de Praga




Las diferentes versiones existentes acerca de los orígenes y la evolución de la ciudad de Praga son, sin lugar a dudas, las que más favorecen el carácter mítico e incluso fantástico que pesan sobre ella.

Acerca de su origen mismo,una de ellas asegura que fueron los Premyslitas (grupo de origen emparentado con los celtas)quienes llegaron hasta el actual sitio donde se encuentra el Castillo de Praga, y allí se asentaron bajo las órdenes de la Princesa Libussa, quien además de poseer una notable belleza, tenía la capacidad de predecir el futuro. Así es como un día, con la mirada perdida en el horizonte y apuntando en dirección al Moldava, la hermosa gobernante le predijo a su pueblo que al otro lado del río deberían fundar una ciudad que lleve por nombre “Praha” y que se transformaría en uno de los lugares más bellos de la tierra.

Sin dudar su pueblo la obedeció y así es como no sólo se fundó la ciudad iniciando con ella una dinastía que se extendería por casi cuatrocientos años y que le hizo alcanzar a la capital, en determinados momentos de la historia, mayor esplendor que otras urbes de superor importancia como París, Roma o Londres.

Pero el mito de la Princesa Libussa no es el único que le da a la ciudad un carácter eminentemente fantástico y mitológico ya que con el asentamiento del pueblo judío dentro de los límites del casco urbano alcanzó notable difusión la leyenda del Golem, la cual no sólo fue novelada por Gustav Meyrink y llevada al cine por Paul Wegener, sino que, además, se transformó en uno de los íconos más significativos de la cultura checa.

Siguiendo el relato que fue transmitido durante siglos de manera oral, la historia dice que en épocas de Rodolfo II existía en el Barrio de Josefov (el principal asentamiento judío) un rabino que gozaba de gran reputación, ya que era un hombre muy honesto y además era quienes mejor entendía los secretos de la Torá y la Cabalá. Este hombre, además de ser un maestro espiritual para su pueblo, se veía algo desconcertado al no poder encontrar una solución al problema de los ataques a los que vivía sometido su pueblo, ya que los consideraban una raza molesta dentro del territorio de Praga.

Lo cierto es que luego de pensar y repensar muchas veces en una aparente solución para la terrible problemática, el rabino Low recibió en sueños el mensaje de un ángel que le dijo que la solución estaba en crear un ser de barro para que, mediante las órdenes que sólo él pudiera darles, oficiara de protector para el apesadumbrado y sometido pueblo semita.

De esa forma, al despertar, el rabino llamó a sus colaboradores más cercanos y junto a ellos creó un hombre de arcilla, al cual le introdujeron una tableta dentro de su boca con la palabra “Verdad” escrita en hebreo antiguo y le dieron la vida con tan sólo un soplido en el rostro. A partir de allí el Golem comenzó a caminar por los sinuosos empedrados del Josefov, ayudando al pueblo que graciosamente le pedía que les cortara leña o les alcanzara agua de las orillas del Moldava.

Todo funcionó en perfecta armonía hasta que un oficial español, dependiente del Rey Rodolfo II vió en el muñeco de barro la forma de llevar a cabo un maquiavélico plan para eliminar al pueblo judío. Así es como se le presentó al rabino, y, a cambio de una frondosa suma de dinero le pidió que le vendiera el hombre de barro con el propósito de alistarlo en el ejército del rey.

Considerando que los súbditos del rey no pararían hasta conseguir hacerse del Golem, y teniendo en cuenta el peligro que dicha hipótesis acarrearía, amparándose en su carácter creador, el rabino decidió quitarle al muñeco la tablilla de la boca e invocando las mismas frases que usó para darle vida, pero leyéndolas al revés, produjo su desintegración evitando con ella que se eliminara de la faz de Praga al pueblo judío.

Es por eso que, teniendo en cuenta el carácter humanitario e incluso proteccionista del Rabino Low y el metamensaje que la leyenda porta de manera implícita, para nada cuesta entender por que se ha convertido en una de los mayores emblemas de la comunidad judía a nivel mundial, llegando a igualarse a la de la Princesa Libussa y conviviendo ambos como representaciones icónicas de los orígenes de la ciudad.

Hoy, en cualquier punto de la ciudad por donde se camine – y sobre todo en la zona de Josefov, el barrio judío – se pueden ver estatuillas, pósters, remeras y cientos de artículos que evocan al muñeco que antaño, protegía a los judiós del acecho del imperio. Y tan importante ha sido su influencia en el arte universal, que hasta el mismísimo Jorge Luis Borges le dedicó un poema que recorrió el mundo, y se hizo tan famoso como la novela de Meyrink.

El video que acompaña esta nota es un fragmento del film "Der Golem" de Paul Wegener.

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