1/8/09

Stare Mesto: el fabuloso encanto de la Ciudad Vieja


La geografía de la actual ciudad de Praga se encuentra atravesada por el Rio Moldava y ésta, a su vez, se encuentra dividida distritalmente en tres zonas: Mala Strana (o “Pequeño Barrio” que se encuentra sobre una margen del Moldava y que abarca el Castillo de Hrdacany y los principales atractivos históricos) Stare Mesto (o Ciudad Vieja, la cual se podría definir como un centro cívico y punto neurálgico de la ciudad, repleta de catedrales, callejones sinuosos, piezas antiquísimas y la exultante Karlova, arteria peatonal más concurrida que le da a Praga un aire señorial y cosmpolita a la vez) y la zona nueva o Nove Mesto, en la cual reposan las piezas arquitectónicas más eclécticas (allí se encuentra el Danzing Building de Frank Gehry) y las construcciones que marcan el ritmo de un nuevo modo de vida, totalmente aislado de los duros tiempos del comunismo.

A diferencia de otras ciudades, Praga impone hacer un alto y organizar el recorrido para descubrirla con tranquilidad, ya que es tanta la cantidad de sitios, monumentos, galerías y lugares de ensueño que ofrece que, un error de distribución del tiempo podría dar como resultado tener que abandonarla sin haberla recorrido en su totalidad.

STARE MESTO: EL SITIO DONDE LATE EL CORAZON DE PRAGA


La mejor opción para comenzar el recorrido es, sin dudas, Stare Mesto. Para llegar hasta esa zona lo más aconsejable es que, desde el punto en que se encuentren ubicados, tomen el metro hasta la estación de Namesty Republiky, la cual se encuentra frente al Palacio Municipal (un edificio elegantísimo donde se llevan a cabo conciertos) y la Torre de la Pólvora, vestigio de una de las antiguas entradas a la ciudad amurallada.

Siguiendo la calle Uprasné Brany bordear el conglomerado de casas de estilo medieval armónicamente coloreadas, y, al llegar a la Calle Jakubska (que luego cambia su nombre a Stupartska) detenerse unos minutos en la parte trasera de las imponentes agujas de la Catedral del Tyn (es imposible no verlas ya que sobresalen por sobre todos los techos) antes de pegar la vuelta y pararse frente a su fachada principal, que será sin dudas uno de los recuerdos más emocionantes e inolvidables que se lleven de la ciudad.

Toda esa zona se encuentra repleta de lugares para comprar souvenirs en los cuales verán que abundan las remeras, tazas, libros, cuadernos, llaveros y porrones de cerveza con las figuras de Kafka, Mozart, el Golem y algunos de los íconos más difundidos de la cultura checa.

La Catedral del Tyn es uno de los sitios religiosos mas emblemáticos de la historia checa y está considerada junto a las de San Vito y Notre Dame de París, como las tres mejores conservadas del período gótico. Es una pena que raras veces se encuentre abierta al público (sobre todo en invierno) y que no sea fácil acceder a su interior, ya que por dentro atesora no sólo piezas escultóricas y sacras de gran belleza sino que, además, allí se encuentra enterrado el astrónomo y astrólogo Tycho Brahe, conocido por ser el introductor de un sistema de mecánica celeste que vino a ser una solución de compromiso entre el sistema geocéntrico tolemaico y el heliocéntrico elaborado por Copérnico.


STAROMETSKÉ NAMESTY: UN FESTIVAL DE COLORES Y ESTILOS


Frente al Tyn se alza soberbia y generosa la Plaza del Ayuntamiento o Starometské Namesty, engalanada por un monumento de bronce totalmente enverdecido que evoca a Jan Hus, el reformador religioso más rebelde que tuvo la historia de Praga y que, luego de morir en la hoguera por hereje, los checos lo tomaron como un símbolo de la integridad y la cosmovisión de una iglesia diferente a la propuesta por el Vaticano.

A un costado de la Catedral podrán observar que se sucede una hilera de casas coloreadas en pastel que invitan a hacer un alto y observar sus curiosas fachadas, extremadamente bien conservadas. Lo que más llama la atención de estas casas (ubicadas en la manzana comprendida entre las calles Celetná y Zelezna) es la disparidad de estilos con las que han sido construídas, conviviendo así el románico, el gótico, el barroco, el rococó e incluso, algunos toques renacentistas.

Entre algunas de las más famosas recomiendo poner especial atención en la Mesa de Piedra (coloreada de ocre y con una buhardilla más que interesante), la U Lazara (que es la más antigua y en su interior alberga uno de los restaurantes mas pintorescos de la ciudad) y la que se encuentra pegada a ella, llamada Unicornio Dorado, que cuentan que ofició antaño como Salón literario y que , entre algunos de los asistentes nocturnos que lo poblaban a diario, figuraba nada mas y nada menos que al mismo Franz Kafka e incluso, algunos aseguran que fue allí donde escribió algunos capítulos de su obra El Proceso.


Pero la recorrida a la Plaza no puede terminar sin pararse frente a la Casa Astorch Sya, actualmente convertida en tienda de recuerdos pero que, pese al paso del tiempo, exhibe en su fachada una interesante pintura del siglo XIX donde se representa a San Wenceslao a caballo representado según los cánones estéticos del modernismo.

La visita a esta parte de Stare Mesto es recomendable terminarla con el ingreso a alguna de las salas de arte que se encuentran pegadas a la Catedral del Tyn (generalmente tienen muestras itinerantes de artistas de todos los tiempos) o bien probando algunos de los platos típicos que ofrece la ciudad en algunos de los cientos de bares y restaurantes que se encuentran escondidas entre las callejuelas zigzagueantes y que la hacen, al promediar la tarde, uno de los sitios más propicios para reponer fuerzas y seguir recorriendo la otra mitad del Barrio, que promete tanto o más de lo que habrán visto hasta el momento.

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