10/10/10

Amor constante más allá de la muerte


"Las Almas de los muertos regresan a este mundo (…) Las almas pecadoras entran en los cuerpos de animales, en aves, en peces e incluso en plantas. Y ya que no consiguen purificarse por sí mismas esperan a que las lidere un Tzadik, un justo, y las enmiende, También hay almas que se introducen en un cuerpo recién nacido y se purifican por sí mismas, por medio de sus propias acciones. Pero también hay almas errantes, que no encuentran sosiego, y se introducen en el cuerpo de una persona viva, como un dibuk…”

Shlomon An-Ski, El Dibuk


Si se parte de las tragedias griegas, pasando por el envenenamiento simultáneo de Romeo y Julieta e incluyendo a la mártir Madame Butterfly, está más que claro que la literatura y el teatro no han hecho más que plasmar historias de amor desafortunadas, truncas y que, en varias oportunidades, intentaron perpetuarse, como decía Quevedo, de una forma constante mas allá de la muerte.

Pero lo cierto es que la temática del amor no correspondido no es privativa del mundo occidental y puebla las páginas de miles de libros escritos en todos los idiomas y bajo las culturas y creencias más dispares. En la hebrea, por ejemplo, tiene su cara más visible en El Dibuk, una obra escrita por Shlomon An-Ski a fines del siglo pasado y que relata una historia de amor en la cual, la muerte, parece no ser un impedimento para que dos amantes lleguen a permanecer unidos pese a las negativas de todo tipo que pesan sobre ellos.

Desde su publicación a principios del siglo XX, El Dibuk se ha transformado en una de las piezas fundamentales del teatro hebreo, alzándose como un verdadero ícono de la cultura judía. A partir de que se hiciera pública a nivel mundial, la obra fue representada por diferentes compañias teatrales en los cinco continentes aunque en nuestro país sólo se había hecho una puesta en la década del 30, un período afecto a las manifestaciones culturales y sobre todo a las relacionadas con el arte escénico.

Es por eso que, con esta puesta del director Jacobo Kaufmann, (argentino radicado en Israel desde 1972) llega a los espectadores porteños una pieza de gran significancia para el mundo teatral, además de que constituye una oportunidad casi histórica ya que es la segunda vez que se pone en nuestro país.

La historia de Shlomon An-Ski transcurre en una aldea polaca a finales del año 1890 y allí, Janan, un joven enamorado e idealista se opone a las creencias religiosas establecidas e intenta trascender su alma a través del conocimiento de la Kabbalah, práctica que por entonces, significaba una especie de herejía para quien la practicaba o intentaba un acercamiento hacia ella. Pero la búsqueda de la verdad no es el único objetivo que persigue este personaje, ya que sabe que Leah, una de las jóvenes más bellas del pueblo, está signada de un modo místico para transformarse en la mujer de su vida.

De esa forma, el joven intentará un acercamiento a la familia y competir contra el séquito de pretendientes que, lejos de mostrar amor genuino por la joven, lo único que harán será exhibir de un modo obsceno sus abultados peculios y así, lograr una alianza económica con el padre de ella, que es uno de los hombres más poderosos del pueblo.

Sin embargo, el joven no pierde las esperanzas y, durante un tiempo, intenta caerle en gracia al padre de la pretendida, aunque claro está, aquel jamás pondrá sus ojos en él ni siquiera para tenerlo en cuenta como un posible pretendiente. Pero la tragedia aparece cuando el candidato finalmente es elegido, y Janan, al verse desplazado de la posibilidad de unirse a la mujer que ama, cae muerto en el piso. Y a partir de allí comenzará el conflicto, ya que su alma, por saberse pecadora y curiosa, quedará condenada a vagar eternamente por el mundo de las oscuridades hasta tanto algún rabí especializado en almas en pena, decida escucharla y absolverla para que pueda descansar en paz.

La furia con la que Janán se fue de este mundo provoca la ira del espíritu y eso hace que comience a rondar por los lugares donde Leah pasa y, la noche en la que ella debe unirse en matrimonio con quien le eligieron como esposo, el alma del errante enamorado toma posesión de su cuerpo y comienza a hablar por su boca, dejando al descubierto el incumplimiento de un pacto hecho entre el padre de la novia y su padre algunos años antes, cuando se prometieron unirlos en matrimonio cuando fueran adultos (pacto que no se cumplió debido a que la familia de Janán no era adinerada).

Con esta temática, Kaufmann logra una puesta superlativa dado que alcanza algo pocas veces vistos en el ámbito escénico y que no es otra cosa que la simultaneidad de aciertos en los diferentes elementos que forman la propuesta con la que realizó su trabajo. El mayor de ellos quizás resida en las brillantes interpretaciones (magníficas las de Victoria Almeida en el papel de Leah y la de Mariano Mazzei como Janán y, de más está decir que las de Juan Carlos Puppo, Mónica Santibañez, Miguel Jordán o Marcos Woinski engalanan la puesta).

Teniendo en cuenta que la obra es una historia de época, la escenografía y el vestuario (a cargo de Marcelo Valiente y Mini Zuccheri) son dos elementos fundamentales a la hora de otorgar credibilidad y calidad a la obra, los cuales cumplen a rajatabla el concepto de la pieza y le brindan un marco mucho más que propicio para que el espectador, desde su platea, pueda reconstruir de un modo multisensorial el espacio temporoespacial en el cual transcurre el drama.

Si bien la obra es una pieza única en su género y supone, por lo tanto, un gran esfuerzo de puesta, Kaufmann lo logra de un modo impecable, sin dejar de lado ningún detalle (incluído el más mínimo) algo que no asombra si se tiene en cuenta su prolífico currículum como régisseur de óperas clásicas en los teatros más importantes del mundo.

Por ello, El Dibuk es una obra que todo buen amante del teatro no debería dejar de ver, ya que tiene dos características que la hacen una propuesta más que seductora; por un lado, es una pieza fundamental de la cultura hebrea (la cual muchas veces aparece como oculta o poco propicia a ser compartida por el mundo occidental) y por el otro, por que forma parte de esas obras difíciles de encontrar en las carteleras del mundo, ya que, desde su aparición, no ha sido puesta de un modo frecuente, y menos aquí en Argentina.

EL DIBUK
Dirección: Jacobo Kaufmann
Juan Carlos Puppo, Victoria Almeida, Mónica Santibañez, Mariano Mazzei, Carlos Kaspar, Omar Fantini, Marcos Woinski, Miguel Jordán, Abian Vainstein, Franciso Pesqueira y elenco. 
Teatro Municipal General San Martín
Temporada 2010

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