9/10/10

Según pasan las horas


Los historiadores de la literatura han catalogado a la obra del norteamericano Eugene O´Neill como la dolorosa búsqueda de una formulación literaria adecuada para crear un concepto moderno de tragedia. Y no están equivocados, por que si se analiza detenidamente su obra se puede apreciar una mixtura interesante de temáticas que aparecen en las tragedias griegas pero matizadas con otros movimientos artísticos dispares -pero no por eso menos interesantes- como el naturalismo y el expresionismo.

Pero si algo tiene su obra para ubicarse dentro de las grandes piezas de la historia del teatro es, justamente, el que la haya desarrollado como un medio catalizador mediante el cual pudo exorcizar algunos demonios con los que tuvo que convivir mientras duró su existencia. De todas sus obras, Viaje de un largo día hacia la noche es la que más hondo ha calado a nivel internacional y más conocido lo han hecho. Y eso no sólo es por la magnificencia de su estructura sino por que, además, propone un doble juego en el que, por un lado invita a que el espectador presencie la decadencia de una familia devastada por un pasado no asumido y, por el otro, lo coloca en el lugar de testigo cómplice al dejar expuesto que la pieza no es otra cosa que la propia biografía del autor.

La pieza está ambientada en 1912 y se divide en cuatro actos en los cuales relata las horas que pasa una familia desde la mañana hasta la noche del mismo día, en la casa de veraneo que tienen en un alejado pueblo costero de los Estados Unidos. Allí intentan pasar unos días lejos de muchos de los traumas que los aquejan en la ciudad (por ejemplo Tyrone, el padre de familia es un vanidoso actor en clara decadencia y asediado por graves problemas financieros, mientras que Mary, la madre, es una mujer desquiciada y adicta a la morfina, y los dos hijos: Jimmy y Edmundo intentan sobrevivir como pueden en un entorno poco propicio para llevar una vida medianamente feliz).

En la convivencia dentro de ese espacio reducido es donde comenzarán a surgir los roces y a convivir las diferentes conductas de los personajes en relación a un tema fundamental y desencadenante de todo el conflicto que es el quebranto de la salud de Mary (quien estuvo internada en una clínica por sus ataques de nervios y su adicción a la morfina) y de Edmundo (claramente O´Neill en la ficción, quien padece de una tuberculosis en aumento y que todos intentarán negarle para que no sufra), eso sumado a la incipiente vagancia de Jimmy y el odio que éste último siente por Edmundo, ya que lo cree el causante de los desórdenes mentales de la madre.

Con este planteo, O´Neill arroja al escenario los personajes que enmascaran los demonios con los que tuvo que convivir buena parte de su historia y, durante 140 minutos, los hace discurrir como si de los leones del circo romano se tratara, y los mueve como piezas de ajedrez de un modo soberbio y altivo.

En esta puesta de Villanueva Cosse la elección del elenco y la adecuada elaboración de la escenografía fueron los dos elementos que mas se destacan y que hacen que la propuesta del director salga airosa y esté a la altura del texto que se intenta representar.

Respecto de las actuaciones, de más está decir que la de Claudia Lapacó (excelentemente puesta bajo la piel de Mary) es una verdadera clase de actuación para cualquier aspirante que quiera transitar el maravilloso mundo de las tablas. Su interpretación emociona, mantiene en vilo y otras veces produce ciertos momentos de ansiedad, a la vez que logra con ella uno de los objetivos más difíciles para un actor, que no es otro que lograr una identificación emocional y sensorial intensa con el espectador.

El trabajo de Daniel Fanego también es digno de destacar, ya que no sólo le da al personaje de Tyrone un aire de soberbia y delirio de grandeza muy parecido al de muchos de los personajes que le tocó interpretar en televisión, sino que además, logra un gran trabajo sobre todo en el aspecto vocal, dado que la edad del personaje supera en al menos una década la suya real.

Pero si bien los protagonistas son dos figuras de larga trayectoria y capacidad artística más que probada, la que sorprende y deja con ganas de seguir viendo otras interpretaciones de textos del mismo calibre que éste es la de Sergio Surraco, quien hasta ahora fue reconocido por haber protagonizado programas televisivos de calidad artística relativa (aunque sí de mucha audiencia) y que demuestra ser un actor con una preparación integral pocas veces vista en actores de su generación. La credibilidad con la que compuso el difícil personaje de Edmund (que no es otro que el mismo Eugene O´Neill) lo hace ganarse una mención especial dentro de la obra, dejando abierta una puerta para verlo  trabajar en futuras piezas artísticas.

La escenografía y la iluminación (a cargo de Gabriel Caputo) en cuanto a su estilo generan un desconcierto estilístico de la misma magnitud que la que genera la obra del mismo O´Neill. Si se hiciera un paralelo entre ambos podría decirse que la sala de estar de la casa de veraneo en la cual transcurre la historia es fiel al estilo realista (de hecho la ambientación está hecha con muebles y objetos de la época) pero en la parte de exteriores (perfectamente diseñados con grandes ventanales desmontables y movibles) los árboles que aparecen en el horizonte, al mejor estilo expresionista, se encuentran plantados al revés en clara alegoría a una visión distorsionada de la realidad.

Por todo ello Viaje de un largo día hacia la noche es una obra sublime, llena de momentos emotivos y cargada de situaciones complejas, desbordados de tensión y que son un claro ejemplo de lo que sucede cuando los hombres pierden el rumbo y se hunden en las profundidades de la mentira, la doble moral y la no aceptación de aquello que les provoca dolor y locura, quedando obligados a padecer sus destinos como si de un designio o maldición se tratara.

VIAJE DE UN LARGO DIA HACIA LA NOCHE.  (LONG DAY´S JOURNEY INTO THE NIGHT) Esta obra de Eugene O´Neill se presenta en la Argentina a través de la sucesión de Eugene O´Neill y Yale University.
Duración: 140 minutos con un intervalo
Teatro Regio 
Temporada de Teatro 2010 

2 comentarios:

  1. Claudia Lapacó está genial en esa obra. Gracias por recomendarla! me gustó mucho.

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  2. Que bueno, grandes artistas, beso grande, seguiré visitando tu blog

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