6/11/10

El mismo guión, otros protagonistas

Leyendo el Suplemento Radar de Página/12 me entero de que los franceses convocan - a través de las redes sociales - para el próximo 7 de diciembre a una retirada masiva de dinero de todos los bancos, para demostrarle al sistema financiero que si ellos quieren, pueden hacer tambalear la estabilidad económica del país y los otros que conforman la Comunidad Europea.

Apenas lo supe pensé inevitablemente en dos cosas: por un lado, en los tristes años de la crisis del 2001 en nuestro país y, por el otro, en cómo el nuevo siglo finaliza su primera década de vida exhibiendo las ruinas de uno de los sistemas que, a lo largo de la historia, se exhibió como el paradigma de los valores más supremos a los que puede aspirar el hombre tales como la libertad, la igualdad y la fraternidad y que, hoy, tal cual como se presenta el presente francés, se encuentran en clara decadencia.

Pero lo cierto es que esta propuesta francesa no es ni deliberadamente descabellada ni responde a una necesidad descubierta en el último tiempo. El sistema económico europeo ha demostrado, desde la implementación del euro (allá por el 2001) que, lejos de haber sido una panacea y un ejemplo a seguir, lo único que hizo fue llevar a los países que lo adoptaron a una de las situaciones financieras más complejas y engañosas de las que se tuvo noción desde la época de la posguerra.

Desde entonces, Europa, ha entrado en una zona oscura de la cual le será algo complicado salir, al menos en el corto plazo. La cantidad de desempleados sigue en aumento, los sueldos “mileurizados” (cada vez más difíciles de conseguir y que rinden menos dadas las incipientes inflaciones regionales) y el efecto de sus poblaciones eminentemente ancianas (con todo el gasto social que ella implica a la hora de efectuar los presupuestos) colocan al viejo continente en un cono de sombras que, sumado al desconcertante panorama mundial, lo ubican en un momento al cual la historia catalogará, en un futuro, como “dificultoso”.

Hace dos años, mientras caminaba por Roma (una Roma debo decir bastante decadente si la comparo con la que tuve la suerte de ver algunos años antes) me encontré con algunos problemas que me resultaron familiares, quizás dada mi condición de argentino, lo cual me hacía sabedor y casi un experto en crisis financieras - no por que las pudiese explicar técnicamente- sino por que las padecí de una manera u otra en las casi cuatro décadas que tengo de vida.

Así es como en las calles de la capital italiana pude ver a jóvenes que vagaban con el diario debajo del brazo buscando trabajo, otros tantos que hacían varias cuadras de cola para cobrar el “Assegno mensile” (equivalente al seguro de desempleo) y otras decenas de gitanos, mujeres mayores en estado de abandono y lúmpenes de esos que no tienen espacio en las portadas de los principales diarios, pero que se ganaban el pan pidiendo limosna en las puertas de las iglesias intentando paliar las necesidades básicas que, por lo visto, el estado benefactor que Berlusconi representa no podía satisfacerles.

Ahora el que está en la mira es Sarkozy, y quizás por que los franceses, al igual que los italianos, griegos, portugueses, alemanes y españoles, se han cansado de que les vendan un mundo efímero y que, en apariencias está maquillado de perfección, la que, en la realidad, difiere bastante de serlo. La duda ya está implantada y la tolerancia hacia los políticos se acerca cada vez más al temido valor del cero.

Malos vientos parece que soplarán en el viejo mundo para fin de año. Por lo pronto habrá que esperar. Quizas ese día, desde nuestros televisores o bien desde la instantaneidad de las redes sociales, asistamos como espectadores a la misma película que, algunos años atrás, nos tuvo como protagonistas. Sólo el tiempo tendrá las respuestas.

1 comentario:

  1. Era de saberse que el euro no se iba a poder sostener durante mucho tiempo. Esperemos al 7 a ver que pasa.

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