7/12/10

El Ghetto de Varsovia


Desde el año 1918, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, el pueblo judío, dividido y en estado de éxodo permanente, encontró en Varsovia (así como en otros lugares del este europeo) el sitio propicio para asentar una de las mayores colonias en la región. Con el correr de los años lograron mezclarse con los polacos, tanto que en determinado momento, tal fue la integración que la única diferencia que encontraron con el pueblo que los acogió fue la religiosa, puesto que en lo demás, ambos tenían los mismos derechos y obligaciones.

Pero en 1939, ante la toma de la ciudad por parte de los nazis, la realidad de la comunidad judia cambió radicalmente. Convertidos en blanco de uno de los planes más terroríficos y maquiavélicos de los que se tenga registro en la historia, debieron soportar con estoicismo y valentía casi seis años de sometimiento, exclusión y muerte.Así es como, en poco tiempo los expulsaron hacia un lado de la ciudad y, para aislarlos completamente del resto de la población, les crearon un muro de contención que los aisló hasta que finalizó la contienda en 1945.
La zona de exclusión alcanzó cerca de 400 barrios y se calcula que el número de habitantes que la componían eran la tercera parte de la población Varsoviana. El Ghetto había nacido, y con él uno de los capítulos más negros y vergonzantes de la estupidez humana.

LA VIDA EN EL GHETTO

Cuentan los testimonios de los sobrevivientes que cuando fueron “deportados” al otro lado de la ciudad, ellos creyeron que allí terminaría la cuestión, entendiendo aquel “castigo” como una pena por querer integrarse pese a no pertenecer originalmente al pueblo que les abrió las puertas. Pero con el correr de los días, se fueron dando cuenta de que la realidad era bien distinta.

Una de las primeras medidas que tomaron los alemanes fue la de obligarlos a usar un brazalete con la estrella de David, para diferenciarlos del resto de los polacos, sobre los cual, a menos que fueran comunistas u homosexuales, no pesaba, por el momento, condena alguna.

Luego vinieron las racionalizaciones de alimento (sólo les daban comida por casi 200 calorías, cerca del 10% de una dieta normal) y los fusilamientos de familias enteras, además de las violaciones a las mujeres judías, las cuales comenzaron a ser vistas como moneda corriente en medio de un marco que parecía volverse cada vez mas hostil.

Ante la imposibilidad de poder acceder a alimentos y otros artículos que les permitiera una calidad de vida dentro de los parámetros de dignidad, en la zona del ghetto comenzó a darse un mercado negro en el cual, a cambio de un pedazo de pan o un trozo de jabón, tenían lugar las situaciones más inverosímiles que se puedan escuchar. Incluso los niños eran los elegidos para atravesar el muro de contención y robar entre sus ropas algunos mendrugos secos para aunque sea, por ese día, alimentarse o alimentar a algún familiar en situación grave de enfermedad.

Como era de esperarse, con todo eso, el modo de vida de los judíos cambió y eso se reflejó en las calles, sitio en el que transcurrían la mayor parte del día, dado que el Ghetto se ideó en un espacio urbano más que reducido y, en cada vivienda debían cohabitar casi diez personas (en habitaciones minúsculas) con todos los problemas de convivencia y salubridad que ello traía implícito.

También con el hacinamiento llegaron las enfermedades, y ayudadas por el hambre y las malas condiciones de vida, las calles se llenaron de cadáveres. Por las noches, quienes tenían la suerte de haberse salvado, se dedicaban a juntar los cuerpos en carretillas y los incineraban en las afueras del ghetto, aunque, luego dejaron de hacerlo, quizás cuando se enteraron de que, al otro lado del muro un tren los aguardaba para llevarlos al que, ellos suponían como el último viaje de sus vidas.

EL GHETTO HOY

Si bien Varsovia fue reconstruida luego de la Segunda Guerra Mundial (más de la mitad de ella fue dejada tal como estaba antes de la invasión) la zona del Ghetto es una de las que menos fue manipulada, quizás por una elección de compromiso más con la memoria colectiva que con el patrimonio cultural. Después de la caída de Alemania el muro del Ghetto fue destruído, pero aún hoy se conservan algunos sitios donde es posible ver los vestigios de aquel espacio en el que vivieron cerca de 400.000 personas, quienes, sin lugar a dudas dejaron en esos empedrados y edificios todos sus sufrimientos, sus vivencias y transformándolo en uno de los mayores emblemas del siglo XX.

Stare Miasto: en esta zona (cerca de las Murallas del Barbacan), se encuentran dos monumentos emblemáticos del ghetto; uno de ellos se llama El Niño soldado del ghetto, del cual cuenta la historia que luego de que los nazis le mataran a toda la familia, decidió esconderse bajo una baldosa en el living de su casa, salvando su vida. Lo cierto es que allí permaneció hasta el día en que los rusos liberaron la ciudad, y, al ingresar en su casa y pidiendo a gritos que abandonen los escondites (pero claro está, en ruso) él salió con el fusil colgado en su cuello y las manos en alto - en actitud de entrega- pensando que eran alemanes que lo habían descubierto y que lo ejecutarían.


La otra escultura muestra el cuerpo de una mujer desnuda con su pequeño bebé en brazos, una clara metáfora del sufrimiento vivido por cada una de las madres que perdieron a sus hijos y también su vida.

Allí mismo, sobre la Calle principal que bordea la Universidad Copernicana hasta la Columna Zygmunta en pleno casco histórico (en un radio de 400 metros) puede verse una exposición fotográfica itinerante en la cual se observan los rostros de muchos de los que murieron en la guerra y también de sus descendientes, quienes conviven con sus recuerdos y han decidido mostrarlos al mundo entero. A un costado de la columna, también se deja ver el espacio sobre el cual se erigió el muro del Ghetto dividiendo a la ciudad en dos.

Zona de la Avenida Marszalkowska: cercana a la ex Torre de Control (Hoy Palacio de las Artes) y enfrente a la Iglesia Jahna Pavula II (Juan Pablo II) se encuentra uno de los edificios mejor conservados del ghetto, fácil de reconocer no sólo por sus fachadas derruidas y bombardeadas sino por que, además, tiene fotografías de quienes lo habitaron por entonces (La que más sorprende es una del rostro de una niña de un gran parecido a Ana Frank).

Monumento a la Insurrección de Varsovia: este complejo escultórico es un homenaje a las víctimas de la Insurrección contra los alemanes que tuvo lugar en agosto de 1944 y que cobró la vida de 200.000 polacos, entre ellos judíos. Dicho movimiento fue uno de los más feroces levantamientos del pueblo contra la ofensiva nazi. Frente a ella, se alza uno de los edificios públicos más monumentales de la ciudad y, en la zona verde que lo circunda, han puesto pegasus de colores como pedido de paz y en homenaje a la memoria colectiva que no olvida los horrores que hace menos de sesenta años se perpetraron en ese territorio.

Más información
Museo del Holocausto

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