12/4/11

Él estuvo entre nosotros


Sábado a la tarde en la estación Carlos Gardel de la línea B. El subte abre sus puertas y la jauría humana se avalanza a través de ellas. Soy arrojado fuera de la masa y me choco con un cartel que llama poderosamente mi atención: "De genocida en Alemania a vendedor de licuados en Argentina. Adolf Eichmann. Él vivió entre nosotros". La foto que acompaña a la frase lo dice todo. No necesita explicación. Mayor elocuencia imposible.

Una hora después de ver el cartel ingreso en una de las salas del Hoytts y veo el film La Terraza, de Leopoldo Torre Nilsson, el cual se ha remasterizado y se reestrena bajo el ala del BAFICI, cuarenta años después. Allí, me sorprendo nuevamente al ver una escena en la que Leonardo Favio, junto a su grupo de amigos burgueses, le orinan el asado a jóvenes como ellos (pero de la comunidad judía) que se juntan a bailar sus danzas típicas e intentan pasar un momento de comunión a miles de kilómetros de su tierra de origen.

Y ahí es donde me sobreviene nuevamente el asombro y pienso que, quizás, el cartel y la película no sean casualidad, por que estoy en el Barrio de Once -énclave estratégico en la geografía de la comunidad - y me da cierto escalofrío pensar que a pocas cuadras de allí, donde hace ya más de una década el horror se adueñó de la Calle Pasteur,  las voces de casi un centenar de muertos de la AMIA siguen clamando justicia.

Salgo de cine y me despego de la masa que abandona la sala en medio de un murmullo ensordecedor y molesto. Me alejo del Abasto y mientras camino por Gallo hasta la Avenida Córdoba pienso que si Eichmann estuvo aquí es por que alguien lo dejó entrar (y lo que es peor, lo dejó estar); que si los jovencitos de la década del sesenta que muestra Torre Nilsson meaban impunemente el asado de los judíos, es por que quizás había una policía que se los permitía y que también, con un ojo destapado, a la justicia quizás se le complique para hacer foco y visualizar quien era el conductor de la famosa camioneta blanca que voló en mil pedazos frente al edificio de la AMIA.

¿Cuán cómplices fuimos en el encubrimiento a Eichmann? ¿Cuán crueles eran los jóvenes porteños de cuarenta años atrás con la comunidad judía? ¿Por que no pedimos por la resolución de la causa Amia como pedimos por otras de menor envergadura y tenor? Demasiadas preguntas para un sábado a la noche. Los creativos de la publicidad pueden estar tranquilos con su labor: si querían lograr que el público piense, al menos conmigo, lo lograron.

2 comentarios:

  1. Estimado Nicolás, estuve buscando en google ese mismo cartel y llegué a su blog. Buscaba el afiche porque también lo vi en una de las estaciones del metro y me llamó poderosamente la atención, me causó el mismo impacto que a usted y me puso a pensar. Está interesantísimo el post, no conozco mucho sobre el caso Amia, pero investigaré.
    Soy venezolano y llevo dos meses viviendo en Buenos Aires. Estaré visitando este sitio con mayor frecuencia.
    También le cuento que soy periodista, estoy buscando alguna oportunidad de trabajo y al parecer usted podría ayudarme.
    Saludos
    Gustavo
    P.D. mi correo es gcontrerasleon@yahoo.com

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  2. Gustavo gracias por tu comentario. Te cuento que el Caso Amia fué uno de los atentados terroristas más viles que hemos sufrido en la capital federal, luego del de la Embajada de Israel. Te recomiendo que si vas a investigar o interiorizarte del tema lo hagas a través de la página de AMIA, o bien de Memoria Activa, que es una organización formada por familiares de las víctimas y que se dedican a pedir el esclarecimiento de los hechos. Si quieres info adicional, entra en mis tags AMIA y AUDIOS y ahí tienes una entrevista que le hice a Diana Malamud, su fundadora, en el 2008 para Radio Palermo.
    Saludos y gracias por participar de este espacio.

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