22/12/13

Diez películas para descubrir Roma

Sea cual fuere la forma en que aparezca, Roma es una de las ciudades más generosas a la hora de brindar locaciones a la cinematografía mundial. Desde los tiempos del neorrealismo a las últimas realizaciones, aquí va el decálogo con las piezas que mejor la describen y que nadie que esté planeando una visita debería dejar de ver.


 Roma ciudad abierta (1946, ByN) Dirigida por Roberto Rossellini y protagonizada por la diva del cine italiano Ana Magnani, está considerada como la piedra fundacional del neorrealismo italiano. El film está inspirado en la historia de Luis Morosini, un torturado y asesinado por los nazis como castigo por su participación en la resistencia armada. Lo que vuelve inolvidable al film es que comenzó a rodarse cuando la guerra aún estaba llevándose a cabo, por lo cual, muchas de las escenas que allí se ven son reales y de un alto valor documental. Roma aparece como un manojo de escombros y el pueblo es expuesto ante la cámara con la esencia que lo caracteriza, esa que persiste aún cuando se visita la ciudad.

Ladrón de bicicletas (1948, ByN) Dirigida por Vittorio de Sica. Muchos la consideran la consecuencia de Roma, ciudad abierta ya que cuenta las vicisitudes del pueblo italiano en el período de la posguerra. Roma aparce destruida, y en uno de los suburbios, un obrero encuentra trabajo como pegador de carteles callejeros, para lo cual necesita como herramienta de trabajo una bicicleta. Luego de mucho sacrificio (hasta vender incluso las sábanas donde dormía) logra recuperar la que había tenido que vender para poder darle de comer a su familia, pero en el primer día de trabajo, en un descuido se la roban. A partir de allí y junto a su pequeño hijo Bruno comenzará un peregrinar por la ciudad eterna, que se encuentra no solo destruida como urbe sino también en lo moral y psicológico. Lo que hace novedoso al film es que no fue realizado con actores sino con gente común que actuó a cambio de una paga diaria o un plato de comida. (Aspecto que no influyó a la hora de ser premiada con un Oscar de la Academia).

Vacaciones en Roma (1953, ByN) Dirigida por William Wyler y protagonizada por Audrey Hepburn y Gregory Peck. Cuenta la historia de una princesa que, aburrida de los lujosos palacios europeos y la corte que la circunda decide tomarse unas vacaciones en Roma, viajando sola e intentando pasar lo más inadvertida posible. Al llegar allí conoce a un periodista americano que no se da cuenta de quien es ella en realidad, con lo cual no se condiciona en desarrollar un vínculo con ella. Al enterarse, ve que tiene entre manos la posibilidad de publicar una primicia pero los sentimientos le juegan una mala pasada y deberá decidir que hace con la joven princesa; si la delata o si calla prefiriendo su amor. Si bien es una película clásica, las vistas que ofrece de la ciudad son maravillosas (se ve la Fontana di Trevi, las escalinatas de la Piazza di Spagna, la Bocca Della Veritá y el Panteón entre otros).

La Dolce Vita (1960, Color) Dirigida por Federico Fellini y protagonizada por Marcello Mastroianni, Anita Ekberg y Anouk Aimeé. Ambientada en la Roma de los años 60, el film muestra a la ciudad ya recompuesta de los años de la guerra y transformada en la gran capital cultural del mundo. En ella se vive una sensación de fiesta constante y nadie recuerda las épocas de tristeza, todos quieren vivir bajo el nuevo canon que es el del “Dolce far niente” (Dulce hacer nada). Muestra la opulencia y la importancia cultural que gozaba la capital por aquellos años e inmortalizó en su trama a la famosa escena del baile entre Mastroianni y Anita Ekberg en las aguas de la Fontana di Trevi, una de las escenas más recordadas de la cinematografía mundial.


Bocaccio 70 (1970, Color) Este film es un trabajo en conjunto de los cuatro directores más importantes del cine italiano (Fellini, Visconti, Monicelli y De Sica) y está basado en cuatro cuentos del Decamerón de Giovanni Bocaccio. Fellini cuenta la historia de un médico moralista, ultrarreligioso y severo que un día comienza a ver el fantasma de Anita Ekberg por todos los rincones de la ciudad y lo incita haciéndolo declinar en sus valores. El episodio de Visconti cuenta la historia de un joven conde que se ve involucrado en un escándalo y teme que si su mujer se entera lo abandone (representa a la típica familia burguesa italiana). Sophia Loren protagoniza el capítulo de De Sica, donde interpreta a una joven napolitana que quiere abandonar la kermés donde trabaja para hacerse famosa en Roma y, en el último, Monicelli relata las vicisitudes de una pareja que para no perder el empleo que comparten en una fábrica, deben demostrar que sólo son compañeros de trabajo.

Roma (1972, Color) Dirigida por Federico Fellini. Es una mezcla entre documental y género fantástico. Los burdeles, los bares, la escuela, los recuerdos de la infancia, todo pasa delante de su cámara que va por toda la ciudad registrando los personajes más increíbles y hasta incluso, aprovechando la construcción del metro, logra registrar la parte subterránea. La maravillosa música de Nino Rotta y el valor de las imágenes que logró la ubican entre las diez mejores películas del cine italiano.

Amarcord (1974, Color) Dirigida por Federico Fellini. El mundo de los recuerdos (Amarcord es el apócope de la frase “Io mi ricordo”) y de los sueños comparten un viaje con Roma como telón de fondo. Desde los años del fascismo a los primeros años de la posguerra, los personajes desentrañan la verdadera esencia del pueblo italiano y reviven muchas de las filias y fobias que aún persisten en la actualidad. Otro clásico que quedó en el colectivo imaginario por la famosa escena de la obesa pechugona estrujando a un adolescente en una habitación de una cantina romana.

Gente di Roma (2005, Color) Dirigida por Ettore Scola. En su vejez el director toma la cámara nuevamente y filma la Roma actual, la globalizada, la invadida por los turistas, la de los negros del norte de Africa que llegan a diario en balsas y se instalan pidiendo una vida mejor, la de los mileuristas, la de los desocupados y la de los ancianos que siguen relatando historias de guerra infinitamente. Contada en un tono entre documental y cómico es una excelente pieza para ver antes de viajar, ya que la ciudad hoy está tal cual se la muestra en la película.

Ángeles y Demonios (2008, Color) Dirigida por Ron Howard e interpretada por Tom Hanks. El film es una adaptación del best-seller de Dan Brown y cuenta la historia de Robert Langdon, un semiólogo que llega al Vaticano para investigar la supuesta aparición de una orden secreta y milenaria llamada Illuminati, la cual puede poner en peligro al Vaticano y a sus miembros. Si bien la iglesia prohibió que el rodaje se llevara a cabo en el recinto de San Pedro y el Museo Vaticano, el director envió a decenas de camarógrafos infiltrados como turistas para que tomaran las imágenes deseadas y luego las sometieron a tratamiento digital.

Habemus Papam (2011, Color) Dirigida por Nanni Moretti y protagonizada por Michel Picoli. Es la película más reciente hecha en la Ciudad Eterna y, de la misma forma como sucedió en el caso de Ángeles y Demonios, la iglesia tampoco dejó filmar en el Vaticano ni en la Capilla Sixtina. Quizás la discordia surgió al saber que el guión contaba la historia de un papa que, al ser atacado por crisis de ansiedad y ataques de pánico, decide consultar a un psicólogo (que no es otro que el mismo Nanni Moretti) quien para llevar a cabo su terapia debe ingresar al vaticano y convivir con el sumo pontífice en la intimidad. Si bien las imágenes que se ven no son de locaciones exactas, todas fueron tomadas en Roma y  dan una idea de lo que se puede ver en la ciudad.

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