12/12/11

¡Bingo!

 Hace unos años, Martín Caparrós publicó Bingo!, un interesante libro en el que mezcla historias, microrrelatos, canciones, panfletos, anécdotas y otros géneros tomando como fuente de inspiración los números. Muchos de ellos sorprenden por que, más allá de creer o no en la influencia de la numerología, se ve claramente de que forma están afectados o predestinados de algún modo por ella.

Basándome en ese juego creativo tiro el dado al aire y me lanzo a la escritura tomando como base los quince años de viajero que cumplí hace unos días y que compartí con ustedes en este posteo.

Uno

“Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina.” Ningún verso podría ejemplificar mejor la idea de cómo me hice viajero y de cuánto tuvo que pasar desde aquel sueño - en apariencias imposible de cumplir- hasta la concreción del primer viaje. Nada es imposible si uno se lo propone.

Dos

En la biblia no hay datos exactos de cuáles fueron las primeras parejas de animales creadas por Dios, siendo la de Adán y Eva la primera de la cual se tiene registro. Si bien como pareja fueron representados por miles de artistas a lo largo de la historia, es en El Jardín de las delicias de El Bosco (exhibido en el Museo del Prado de Madrid) donde mejor se puede apreciar el carácter maléfico de la condición humana y donde se puede plantear un debate acerca de la infalibilidad de Dios.

Cada vez que visito el Prado, ésa es una de las obras a la que le dedico el mismo tiempo de observación que le dediqué la primera vez que la ví, ya que siempre le encuentro elementos que me siguen sorprendiendo y me renuevan la admiración eterna que siento por su autor.

Tres

“Three day pass…” dijo con la gracia de un conductor de televisión el anciano checo que me alquiló mi primer departamento en Praga, a un costado de la colina del Hradcany. El pase de tres días era lo que me recomendaba comprar para pagar más baratos los trayectos de metro, bus y troles, todos servicios que él creía necesarios para que yo recorriera de un modo más cómodo las maravillas que la perla de Centroeuropa tenía para ofrecerme.

Como no hablo inglés intentar comprarlo me suponía un dolor de cabeza, así es que decidí unir las distancias a pie. Nunca me arrepentiré de haber tomado esa decisión. Gracias a ello conocí Praga en todo su esplendor y me enamoré de cada una de sus callejuelas, faroles y rincones recargados de historia. Hoy es una de mis ciudades favoritas cuando estoy en Europa y siempre que la abandono comienzo, como dice la canción, a soñar con el regreso.

Cuatro

Fueron las provincias de España que recorrí en 2004, en mi vuelta a Europa después de nuestra crisis del 2001. Madrid, Andalucía, Galicia y Guipúzcoa fueron las elegidas para descubrir en profundidad a la península Ibérica. En Madrid estuve en la casa de un amigo y juntos hicimos el circuito de los museos, tapeamos y caminamos el Paseo de la Castellana desde la Plaza Colón hasta las Torres Kio, en las sofocantes noches de julio.

Después tomé un tren nocturno en Chamartín y al otro día, de madrugada, llegué a Santiago de Compostela, corazón de la cristiandad y segundo ícono católico más importante después del Vaticano. Cerca de las 7 de la mañana legué al Obradoiro, cuando aún no se escuchaba ni una sola gaita. Me tiré en la plaza pedregosa y allí tomé una foto que muchos me han dicho que tendría que ilustrar la tapa el día que me decida a escribir un libro.

Ya en Bilbao, en mi apartamento a orillas del Nervión descubrí otra cultura, una España diferente (o una no-España) y tuve el acercamiento al mundo de la ETA que tanto había soñado experimentar en vivo y en directo. Y por último Sevilla, mora, gitana, alegre, salerosa, calurosa, colorida, religiosa, sacrificial, con olor a naranjos en flor, histórica, cosmopolita, indiana, amistosa con el turista, con sabor a jerez y recargada de vapores que se escapan de los baños turcos cercanos a la Giralda.Todas ellas con su santo y su torero hacen que España sea "el país del sol".

Cinco

Históricamente este número representa al gato. Si bien en todos los viajes que hice, gatos vi muchos, fue en Estambul donde más me impresionaron, ya que se mueven por el casco histórico como si se tratara de verdaderos ciudadanos. El día que visité la Hagia Sofía decidí hacer un alto en el recorrido – ya que era pleno enero y dentro de la mezquita hacía más frío que afuera- y al salir al bar de la entrada grande fue mi sorpresa al ver una decena de ellos paseándose sobre las mesas en las que los turistas intentaban apoyar las tazas y dejándose fotografiar como si de modelos se tratara.

Esa misma noche fui a cenar a un restaurante en la zona de Sultan Ahmett y un obeso gato colorado se acurrucó bajo el mantel frotándose en mi pierna. No tuve mejor idea que convidarle un poco de lo que había en mi plato y a partir de entonces nos hicimos inseparables. A veces mientras caminaba por la zona, el gato se me acercaba y lo tocaba, además de que cada noche al ir a cenar, se ubicaba debajo del mantel huyendo del camarero que iba de mesa en mesa ofreciendo a los comensales un gigantesco narguile para fumar.

Seis

En la quiniela este número simboliza al perro. De todos los lugares en los que estuve fue en Atenas donde más me sorprendió el trato propinado por el pueblo y el modo de vida de estos animales quienes se muestran como verdaderos dueños de la ciudad.

Asentados en la Plaza Syntagma, la torre Monastiraki, en el Monte Licabeto, en las laderas de la Acrópolis, las inmediaciones de Omonia o la Academia de Platón, los canes gozan de total libertad y se los puede ver junto al público esperando a que corte el semáforo para cruzar la calle o bien durmiendo plácidamente bajo monumentos colosales, verdaderos íconos de la cultura occidental. Ellos deciden quién pasa y quién no, y a esta altura, ya forman parte del acervo cultural de los griegos, tanto como el ouzo, la danza con rotura de platos y los acordes de Zorba que resuenan en cada esquina de la ciudad.

Siete

Además de ser siete los días de la semana, las notas musicales, los colores, los planetas, los pecados capitales, los sacramentos, la virtudes teologales, las artes, las maravillas del mundo, los mares del planeta tierra, los chakras y un sinfín de cosas más, lo es la suma del tres y el cuatro, que en el plano metafísico representan la unión del mundo divino con el terreno.

Y eso es justamente lo que representa el Vaticano para el mundo occidental. Con una riqueza de un valor incalculable, en sus interiores, ese ícono religioso atesora no sólo un gigantesco museo y buena parte del patrimonio de la humanidad sino también la idea promovida desde la misma iglesia de que cuando se está allí, en el corazón mismo de la Basílica de San Pietro, se ha llegado a la máxima cercanía con Dios.

Ocho

Mientras iba en el avión ya sabía que mi gran misión en el DF mexicano iba a ser conseguir la colección completa de películas del período mexicano de Buñuel. Así es como apenas llegado a la ciudad y luego de haberme familiarizado con la muchedumbre del zócalo y las calles que van hacia el Palacio de Bellas Artes, por fin llegué al Paseo de la reforma y allí pregunté en cada una de las videotecas que pueblan la zona.

Luego de varios días de investigación dí con un coleccionista parecido a Jorge Negrete que se comprometió a conseguirme la colección de lujo editada por Televisa, aunque me aclaró que no me iba a salir barata debido a que era un material de difícil acceso y que sólo se vendía por encargo.

Finalmente la conseguí. Eran ocho películas celosamente guardadas en estuches de cartón y todas cabían perfectamente en otra caja que las contenía para poder trasladarlas sin problemas. Al llegar al aeropuerto me encontré con un cartel que decía que no se podían sacar del país más de cinco cajas de video. Por suerte Aerolíneas Argentinas me dejó varado durante una semana y nunca revisaron la maleta que viajó directamente a Buenos Aires sin haber sido controlada. Gracias a ello, hoy las ocho joyas de Buñuel reposan en mi estante predilecto de cine latinoamericano.

Nueve

Son los meses que deben pasar como mínimo para tomarse las vacaciones entre un período y otro, al menos para los que además de escribir, trabajamos de otra cosa. Tengo tantos años de empleado como de viajero lo cual me da la posibilidad de gozar de un mes completo de vacaciones para disfrutar de lo que más me gusta hacer.

Muchas veces las administro de tal modo que en época invernal también tomo algunos días, aunque sea para visitar lugares cercanos o para disfrutar de la propia ciudad. No hace falta irse lejos para viajar, podemos estar sentados en el bar donde todas las mañanas desayunamos y experimentar el más maravilloso de los viajes.

Diez

Aproximadamente son las formas en que los italianos sirven café en los bares de las principales ciudades: Macchiato (cortado) Ristretto (corto, casi cortísimo), Doppio (doble), Granita (hecho granizado y acompañado de helado) Alla panna (con crema) Cappuccino (el mismo que conocemos nosotros), Lungo (servido en vaso largo), Caffelatte (café con leche) Matita (con un chorro de cognac o Whisky) senza schiuma (sin espuma)  y el clásico Espresso (de máquina, pero en cantidad ínfima y sin azucar).

Además se lo puede tomar Dolce (con zucchero o dolcificante) o amaro. En los últimos tiempos han proliferado una serie de cafés naturales que provienen de zonas de Africa y la India, saborizados con las combinaciones de frutas y cereales más extravagantes y que llegan a costar entre 30 y 50 euros la taza dependiendo donde se los tome. He tenido la suerte de probar algunos y los recomiendo fervientemente (aunque eso sí, antes pasen por el cajero automático o tengan a mano una tarjeta de crédito).

Once

En la historia de la humanidad ese día quedará como la jornada que cambió el mundo. 11-9 remite al primer avión incrustándose en una de las alas de las Torres Gemelas y minutos después el segundo, que no hizo más que confirmar la teoría de que no se trataba de un fatal accidente sino que, detrás de ello, subyacía algo mas complejo. A partir de entonces, el miedo se apoderó de occidente, Medio oriente se transformó en una sucursal del infierno en la tierra y los aeropuertos en los espacios liberadores del demonio que bien podía manifestarse bajo las túnicas y burkas o en forma de jóvenes mochileros con tres dólares en el bolsillo y una guía Frommer´s pintada con marcador.

Tres años después, el 11-M de 2004 en Atocha se produce un atentado que deja cientos de muertos y otros tantos heridos. Al principio todos pensaron que se trataba de una jugada del flagelo de ETA, pero pocos minutos después de cometido el hecho, éstos enviaron un mensaje deslindándose de la responsabilidad. Poco después se supo que el atentado provino de una “Organización del mundo islámico” y que significó un tirón de orejas a la decisión de Aznar de enviar tropas a Irak. Tres días después el pueblo español le quitó el poder a Aznar, líder del PP y se lo otorgó al PSOE en la figura de Zapatero.

Mientras escribo esta nota, en diciembre del 2011, el PSOE arrastró al país a una de las peores crisis de su historia y en pocos días, el PP tomará el mando del país representado en Mariano Rajoy. Un solo pensamiento me invade mientras veo en TVE internacional la marcha de los indignados que avanza sobre la Puerta del Sol: “Dios salve a la reina”.

Doce

Son los Apóstoles que acompañan a Cristo en la famosa La última cena, de Leonardo Da Vinci y que aún no pude conocer. El cuadro está en un ofertorio de Milán (ciudad a la que me debo una visita extensa ya que sólo pasé algunas horas en ella) y es una de las obras de arte que me faltan observar para completar la famosa trilogía del florentino, que se conforma con la Gioconda (exhibida en el Louvre) y la Dama del armiño blanco, ubicada en la Galería Czartoriczky de Cracovia.

Trece

La creencia popular dice que los martes trece no hay que casarse ni embarcarse, mucho menos pasar por debajo de una escalera y si se tiene la mala suerte de ver un gato negro hay que dar tres vueltas para deshacer el supuesto maleficio que el pobre animalito trae con su presencia.

En 2004 llegué a Purmamarca un martes 13 y luego de quedar maravillado con el exuberante paisaje que el pueblo proponía, lo primero que ví a pocos metros de la plaza principal fue a una pequeña niña kolla jugando con un gato negro. Negándome a formar parte de cualquier superchería me acerqué y lo toqué, sabiendo que por el contrario de lo que todos pensaban, me iba a dar suerte.

Una hora después, mientras subía a la parte más alta del cerro para ver la ciudad, entre medio de unas rocas rosadas encontré un billete de cien pesos celosamente doblado y que seguro se le habrían caído a alguien de la billetera o el documento. Creer o reventar. Con ellos bajé a la plaza y me compré el sombrero que tanta falta me hacía y otros regalos más para amigos y familiares.

Catorce

Fueron los días que pasé en 2007 en Guatemala, en casa de mi amiga Regina. Con ella nos conocimos en Bariloche cuatro años antes, cuando yo recorría la Patagonia y ella pasaba unos días en casa de un ex jefe argentino para el cual había trabajado en su país para el servicio diplomático. Desde entonces nos hicimos inseparables y cuando viajé a México, crucé la frontera de Tapachula “en camión” (ellos llaman así a unos desvencijados colectivos de colores que circulan por las rutas) para reencontrarme con ella y conocer a su familia.

En eses tiempo conocí la ciudad, visité museos inaccesibles para la mayoría de los turistas (como ella trabajaba en la Universidad Francisco Marroquín, entré al mítico Popol Vuh) y viví al modo antigüeño en la maravillosa ciudad colonial al pié de un volcán. Cuando terminó mi estadía y emprendí el camino a México, me dí cuenta de que mi visita había sido transformadora ya que fui a visitar a mi amiga y me traje una verdadera familia, la cual aún hoy persiste en el corazón pese a los incordios de la distancia geográfica.

Quince

Los años que me gustaría seguir viajando por el mundo y escribiendo. Claro que al final redactaría otra nota como ésta pero con los números del 16 al 30. Y antes de llegar a 31 renovaría los votos de viajero por otros quince años más. No es otra cosa vivir para contarla.

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