25/12/11

Verano 2012: Mar del Plata (1era. parte)


Hace unos años, mientras hacía sociales con un cosmopolita grupo de viajeros en un hostel de la Paz, conocí a Gabriel, un arquitecto marplatense recién egresado que andaba por aquellas tierras junto a su novia peruana. Como yo venía con un alto estado de deslumbramiento  por todo lo que había visto allí, le comenté lo maravillosas que me habían parecido aquellas ciudades (para esa altura yo ya había andado por Potosí, Chuquisaca, Sucre y Santa Cruz de la Sierra) y la asombrosa majestuosidad que me habían regalado, pero para mi sorpresa, lejos de concordar conmigo en el pensamiento, Gabriel me respondió con un: -“Sí, que se yo, están buenas, pero para mí no hay como Mar del Plata”.

Debo confesar que la respuesta me pareció además de bizarra, injusta, sobre todo por que creo que no hay lugares mejores o peores, sino que soy de los que caracterizan a las ciudades o pueblos por “más o menos interesantes” independientemente del canon de aparente belleza o fealdad con las que las catalogan -según su conveniencia- quienes manejan el cauce del turismo.

Es por eso que me quedé pensando en tamaño acto de soberbia del muchacho y me puse a pensar porqué para él podría ser tan única la ciudad, ya que debería haber algo más allá del afecto que le representaría por ser su lugar natal y sobre todo para que cerrara la conversación con un “…y fijate que en el mundo entero no hay ciudad que la pueda igualar”.

LA PERLA DEL ATLÁNTICO

Si se analiza su presencia en la historia argentina, Mar del Plata fue una ciudad diseñada para convertirse en la perla del Atlántico. La clase burguesa de la década del 30 que durante el verano europeo no podía ir a las playas francesas de Niza, Cannes o Saint Tropez - por encontrarse trabajando aquí- encontraron en ella la posibilidad de llevar a cabo la disipada vida estival que tanto presumían en el exterior.

Así es como durante años la villa sólo fue ocupada por gente poderosa y por intelectuales y artistas que levantaban allí sus fastuosas casas de veraneo, tal fue el caso de Victoria Ocampo, quien erigió en la cercanía del Barrio Los Troncos una vivienda que mandó a traer desde Inglaterra y que revistió con muebles y griferías fabricadas en París.

 Pero para finales de la década del 30 y principios del 40 la dura realidad que devolvía la Segunda Guerra Mundial posibilitó la llegada al país de una de las mayores corrientes migratorias, sobre todo de población italiana y española. Y con ella Mar del Plata se vió modificada enormemente, ya que muchos de ellos encontraron en su puerto (hasta entonces poco explotado) una geografía muy parecida a la de su tierra natal y allí se asentaron, haciendo de la ciudad el centro marítimo más importante del país.


Algunos años después, a fines de la década del 40 y principios del 50, el General Perón vió en ella la posibilidad de hacer un centro destinado a la recreación y al veraneo de los trabajadores, quienes para entonces habían adquirido una serie de importantes derechos, entre los que se encontraba el de vacaciones pagas y la posibilidad de desplazarse dentro del país para disfrutar con la familia.

De ese modo, la ciudad se transformó en el centro elegido de veraneo y jamás paró de crecer. Con edificios de lujo frente al mar, un casino enorme, varios kilómetros de rambla, una actividad nocturna y artística para nada despreciable así como playas de todos los estilos y para todos los públicos la transformaron en el corazón del verano argentino y punto de turismo internacional, ya que año tras año a ella llegan miles de turistas de todas partes del mundo.

AMAR DEL PLATA, LOS IMPERDIBLES

La ciudad es tan acogedora, divertida y con tantas activdades y sitios para visitar que se hace muy difícil establecer una cantidad de días, aconsejándoles a quienes quieran visitarla que no le dediquen un tiempo menor a una semana (Si pueden más, por ejemplo dos semanas, mucho mejor).

Los cafés

En época estival la actividad arranca temprano y lo mejor es hacerlo desayunando en algunos de los tradicionales cafés que la ciudad ofrece. Si están cerca del centro, la Fonte d´Oro es la mejor opción con mesas y sombrillas al aire libre ubicadas en el medio de la Peatonal. Allí cerca también se encuentra Vitti (un tradicional café que guarda la estética de los años sesenta, cuando fue inaugurado) y Café Espresso Dino, inaugurado en 1939 y con una arquitectura Art Nouveau que evoca sitios palaciegos de capitales europeas que supieron desarrollar ese movimiento.

 

Para quienes se encuentren en la zona norte (de entrada a la ciudad) una buena opción es la Confitería Nautical (frente al Balneario Saint Michel, cerca del Monumento a Alfonsina Storni) que tiene diferentes opciones de desayuno continental a muy buenos precios y para los que bordeen la zona sur, las clásicas churrerías Manolo o la Confitería Boston son las dos mejores opciones, pese a no ser las más económicas.

Las playas

Mar del Plata cuenta con un interesante sistema mixto de playas, donde se puede optar por las públicas y gratuitas, o aquellas que se encuentran dentro de la limitación de los balnearios privados, en las cuales se paga la estadía y se tiene una serie de servicios tales como duchas, sombrillas, carpas, sanitarios, etc.

Las playas del norte suelen ser muy tranquilas y mucho más limpias que las de otros sectores de la costa y con muchísima menos afluencia de público que las del centro. (aconsejo Saint Michel o Saint Louis)
 
Playas del Balneario Saint Michel en la zona norte de la ciudad

Las que se ubican cerca de la zona céntrica, entre el playón del Hotel Provincial y el Torreón del Monje (tales como la Bristol o la Perla) son las que mayor público acaparan y en enero y febrero suelen ser literalmente un hormiguero, aunque claro está, eso es parte de la movida que la ciudad propone.

El tradicional lobo marino del Hotel Provincial es el emblema de la Playa Bristol, la más popular de la costa.

Si se quiere estar en el corazón de la movida y rodeado de personajes del mundo del espectáculo, Playa Grande es la opción. Con el hotel Costa Galana como faro de la zona, allí se pueden ver desde los paradores que instalan las principales radios del país (en algunas ocasiones con los propios conductores que transmiten desde allí) hasta el importante centro comercial que se construyó hace unos años y que es el corazón de la playa.

Explanada de Playa Grande frente al Hotel Costa Galana
 Más al sur se encuentra Punta Mogotes, balneario público por excelencia, que es muy grande y con buena infraestructura aunque está alejado del centro, lo cual es una dificultad para aquellos que no tengan auto.

El Cristo redentor a lo lejos, visto desde la costa de Playa Grande

Y un poco más allá, inevitable tanto de día como de noche, la zona del Faro es la opción más seductora a la hora de tener no sólo una de las mejores vistas de la ciudad (para lo cual es muy aconsejable un paseo en el ferry Anamora), sino además, una oferta gastronómica privilegiada, llena de frutos de mar, mariscos, peces exóticos e infinidad de platos típicos de nuestra cocina nacional e internacional... pero eso, mejor, lo dejamos para la próxima nota.

1 comentario:

  1. Pues que se ve bien linda la ciudad. Es tal cual como me habían contado, poco tiene que ver con el estilo de las playas latinoamericanas.

    ResponderEliminar

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails