9/1/12

El Puro Verso montevideano


En 2009 regresé a Montevideo luego de unos cuantos años sin visitarla. Si bien la ciudad había cambiado mucho y una decena de nuevos lugares me obligaban a andar incansablemente de la noche a la mañana, uno de ellos fue el que más me sorprendió, y desde entonces lo hice uno de mis favoritos en la ciudad.

Hasta 1999 en el seiscientos y tanto de la Calle Sarandí, en un precioso edificio antiguo de estilo clásico, funcionó la Óptica Pablo Ferrando (la más tradicional de todo Montevideo, una verdadera institución). Ese año cerraron definitivamente las puertas del local dejando libre uno de los espacios más exclusivos y distinguidos de la ciudad. A partir de allí  muchas posibilidades se abarajaron, hasta que en 2001 el edificios fue comprado por un grupo inversor español y reconstruído por el estudio De León-Berro-Alvarez.

Desde entonces allí funciona la Librería Puro Verso, un exclusivo y refinado espacio que además de vender libros y discos, funciona como un verdadero centro cultural ya que en él, hasta en el más insignificante de los rincones, se vislumbra la fuerte presencia artística e intelectual de los uruguayos.

La primera vez que entré, además de quedar maravillado con el vitreaux de la sala central (totalmente restaurado y que le da al lugar cierto aire de película de los años cuarenta) me encontré con ejemplares de autores uruguayos que, en Buenos Aires, eran muy difíciles de conseguir, sobre todo por que algunas de esas ediciones tienen derecho de comercialización sólo en el territorio del Uruguay.


Así es como luego de recorrer la planta baja y el inmenso primer piso, encontré algunas piezas que había buscado desde hacía tiempo y que eran figuritas difíciles en las clásicas librerías porteñas. De esa forma, llegué a la caja casi haciendo malabares con una pila de autores entre los que estaban una antología de cuentos de Marosa Di Giorgio, otro de  Felisberto Hernández, las obras completas de Idea Vilariño y algunos otros de historia antigua que no había visto antes en ningún otro lugar.

Por eso, cuando llego a la ciudad y atravieso la Antigua Puerta de la Ciudadela, antes de embarcarme en el viaje en el tiempo que propone Montevideo, no tengo reparo en perderme una tarde entera entre los miles de volúmenes que Puro Verso seleccionó para su venta de modo exquisito. El encuentro con lo mejor de la literatura uruguaya me aproxima de un modo placentero a su gente y para poder ver aquella geografía con los ojos que alguna vez, otros la vieron y supieron contarla.

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