19/1/12

Mercado del Puerto de Montevideo: una experiencia multisensorial


Los puertos en la mayoría de las ciudades del mundo son espacios poco propicios para despuntar el vicio de viajero, salvo cuando de hacer una parada y de comer se trata. Si bien tuve la suerte de conocer unos cuantos de estos sitios en cada una de las ciudades que recorrí, siempre acabo eligiendo el de Montevideo, ya que que tiene para mí el mismo significado que el de un primer amor, ya que no fue otra cosa lo que sentí la primera vez que lo visité.

Si bien la zona costera de la ciudad se fue ampliando y con ella se anexaron nuevos sitios (tales como el Museo del Carnaval, una decena de casas de recuerdos y otras tantas de antigüedades) el que más acapara la atención del público y sigue gozando de empatía y hospitalidad con la gente es el famoso Mercado del Puerto, ubicado frente a la escollera donde arriban los barcos y donde se puede degustar los mejores platos de la cocina charrúa.

Pero el Mercado no sólo es un sitio para probar lo mejor de la gastronomía uruguaya  sino que, además, es uno de los mejores espacios para descubrir el modo de vida y el pensamiento de los uruguayos, ya que en él, al igual que en los bares porteños, pueden darse las situaciones más sorprendentes y las charlas más interesantes dejando vislumbrar la verdadera esencia del ser nacional.


Llegar cerca del mediodía en un día de semana puede ser una experiencia única y de hecho, por eso, se las recomiendo. En ese horario los asadores de los pequeños puestos apretujados unos al lado del otro comienzan a cocinar lentamente la carne que luego venderán sin parar cuando arriben los comensales, a la vez que las parrillas inundan de humo y olores exquisitos todo el perímetro del predio, haciendo del espacio lo más parecido al set de una película  del neorrealismo italiano.

A medida que los comensales van llegando, los bares se comienzan a llenar y en menos de una hora, el lugar se ve totalmente transformado por el bullicio constante y por la nebulosa humareda que cambia los colores del reloj de madera que engalana el mercado y también de las pinturas que se exhiben en algunos de los corredores que comunican los diferentes pasillos que forman el conglomerado de barcitos.

Aquí dos sugerencias a tener en cuenta a la hora de ordenar:

La Paella a la Valenciana: con toda clase de pescados y frutos de mar, es uno de los platos clásicos que más exito tiene.


El Choto uruguayo: es un trozo del intestino de la vaca, cocido a la parrilla y que, generalmente, se sirve acompañado por una guarnición de muzzarella, albahaca y tomate (éste plato es un imperdible).

La otra opción es pedir las exquisitas Pamplonas (arrollados abundantes de carne de pollo o cerdo, rellenas de verdura, mozzarella y diferentes especias. Tener en cuenta que en algunos restaurantes figuran con el nombre de "Petronitas") acompañadas por las Papas al plomo, que son unas papas gigantes, cocidas con cáscara, rellenas de queso roquefort y que se asan envueltas en papel aluminio.

Para terminar el almuerzo seguramente les ofrecerán un café o una copita de jerez, algo muy típico en Montevideo. Cualquiera de las dos será una buena opción para seguir la recorrida por la zona, que bien merece un paseo ya que, en los últimos años, se transformó en uno de los barrios con mayor crecimiento y desarrollo de la Ciudad Vieja. 

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