11/3/12

24 horas en Londres (2da. parte)


10.30 a.m.: La amplísima avenida Victoria me sigue sorprendiendo con joyas arquitectónicas, muelles de madera y algunas aves que hacen único el paisaje. El estilo victoriano se impone y para esa hora las calles están pobladas de gente que sale del metro y que llena las avenidas con sus automóviles y bicicletas.


10.45 a.m.: Mientras sigo con mi caminata, levanto la vista y diviso frente a mí el famoso London Eye. Me recuerda a la rueda de París y me quedo un buen rato apoyado sobre uno de los puentes admirando su tamaño, mientras intento distinguir a la distancia, el imperceptible movimiento que hace con cada una de sus vueltas.


11.00 a.m.: Por fin llego a la zona del Parlamento y el Big Ben. Ya puedo decir que estoy en Londres. Me ubico en una esquina para cruzar la calle hacia el reloj y meterme en el marasmo de turistas. De repente veo a estas religiosas de espalda que cruzan rápidamente mientras hablan en algún idioma islámico. La escena londinense se esfuma y se transforma en el fotograma de un film surrealista.



                         El clásico Big Ben que marca las horas de los londinenses

                    Escultura frente al Big Ben. Es una de las clásicas postales de Londres

11.30: La Abadía de Westminster. Una joya gótica que puede asombrar a aquellos que ven por primera vez una construcción de ese estilo, pero no para quienes hayan estado en otras como Notre Dame, la de San Vito en Praga o la de Barcelona. La entrada para ver sus interiores es excesivamente cara (16 pounds) y hay que hacer una interminable fila. Todo confluyó para que siguiera mi camino y la descubra mediante libros, fotos o revistas.


12.00 a.m.: Nada es casualidad en la vida y todo pasa por alguna razón. A unos escasos 300 metros aproximadamente me encuentro con la Catedral de Westminster, bellísima por fuera (tiene toda la estética de esos conventos o iglesias del este europeo) y mucho más bonita e interesante por dentro. Además el ingreso es gratuito y no sólo que no hay que hacer fila para entrar sino que, en su interior, suele estar vacía.


13.30.: Después de haber pasado un mal momento en un restaurante hindú ( donde pedí un cous-cous que a simple vista tenía un color y una textura maravillosa y al comer el primer bocado, tuve que dejarlo por la excesiva cantidad de picante que tenía) proseguí con mi marcha. Luego de caminar un buen rato llegué de casualidad al Victoria Palace, uno de los teatros isabelinos mejor mantenidos y en el que aún hoy se siguen llevando a cabo obras y piezas musicales.


14.30 p.m.: Llego a la zona del Palacio de Buckingham. El gentío es impresionante y comienzo a ver estos carteles cada cien metros. Me causan mucha gracia, no puedo evitarlo, y me acuerdo de aquella frase que dice que quien roba a un ladrón...



                         Portón de la entrada principal al Palacio de Buckingham

                                     El clásico guardián inglés espera atento la hora del cambio.

1 comentario:

  1. Te felicito por el trabajo, esta equilibrado y bien logrado.
    Saludos.
    Juan,

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