7/4/14

Villa Ocampo: la casa de veraneo de la dama de las letras

La Villa Ocampo de Mar del Plata es la que en el siglo pasado fuera la casa de veraneo de la escritora Victoria Ocampo y su familia. Durante el período de 1912 hasta 1973 (fecha en la que a poco de morir la donó a la UNESCO para que la incorporaran dentro del listado de sitios que forman parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad), por ella pasaron los personajes más eximios de la cultura mundial tales como literatos, pensadores, artistas, políticos y hasta líderes de las naciones más alejadas (como fueron los casos de Ravindranat Tagore e Indira Ghandi). Hoy, la Villa se ha convertido en un centro cultural donde se llevan a cabo los encuentros artísticos más exquisitos de la ciudad de Mar del Plata y además, durante el día, fuera de las funciones teatrales, se la puede visitar en su interior ya que está considerada un museo. Sin dudas la Villa en sí es un sitio para conocer, ya que además de ser un real acercamiento a una de las mujeres más prolíficas y hacedoras de la literatura argentina contemporánea, brinda la posibilidad de ver cómo era la sede de trabajo de la prestigiosa Revista Sur, ya que en algún momento algunas  habitaciones de la casa supieron funcionar como sala de redacción y fueron el escenario por donde pasaron personajes como Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo y la misma Victoria quien desde su rol de jefa de redacción impartía las directivas.


                                                                                                *

Abrí la puerta de entrada e ingresé en una pequeña sala de estar que oficia de recepción. Apenas una pequeña mesa llena de folletos y una señora que da las indicaciones para llevar a cabo la visita (y que mantiene un estilo muy a "Lo Victoria Ocampo") otra cosa no se ve. A un costado, las altas paredes de madera revestidas por un empapelado que las hace parecer a punto de resquebrajarse exhiben el señorío y el buen gusto que alguna vez reinó en el ambiente.

Es invierno y hace frío. La casa es de madera y simula ser una especie de iglú en el que no entra el sol y, al parecer, aunque lo haga, la diferencia no sería demasiada. Cuando la señora pasa de un ambiente a otro - mostrándome el orden en que debo hacer el recorrido- los pisos crujen y se hunden dando la sensación de que debajo de ellos habitan fantasmas que se regocijan por que alguien se haya decidido a visitarlos y hacerles compañía. En la sala contigua a la de la entrada la señora de peinado retro y labios pintados excesivamente de carmín me deja solo con el piano y las sillas de plástico que sirven de butacas cada vez que se  llevan a cabo diferentes espectáculos, pero no es ese espacio el que me interesa, sino el resto de los ambientes que forman la casa, en especial la biblioteca, el cuarto de Victoria y el despacho donde dicen que escribió buena parte de su obra.

Desde uno de los cuartos oigo una voz femenina, diferente a la de la mujer de la entrada (que para entonces se había esfumado) y escucho que le agradece a una turista por la compra realizada. Al salir la mujer, la vendedora se acerca y me pregunta si había recibido la información correspondiente, pero pese a decirle que sí, se empeña en hacerme de guía por cada uno de los ambientes de la casa. Acepto gustoso (a sabiendas de que seguro estará llena de anécdotas y pormenores que no existen en los manuales de literatura ni en las escasas biografías que se han escrito de Victoria).
Me invita a doblar hacia la izquierda y al final del pasillo, hacia un costado, ingresamos en una sala con un escritorio y una amplia biblioteca. Dentro de unos cubos de cristal se encuentran varios ejemplares de la Revista Sur y,como emergiendo entre ellas la imagen de la escritora que tan famosa la hizo en el mundo.


A un costado de los ejemplares se exhiben varias frases que la escritora plasmó en su libros y otras que amigos, conocidos y otros testigos de su vida aportaron cuando se inició la tarea de llenar el espacio que dejó con su desaparición. Una de ellas indica, de un modo casi ejemplar, lo que la literatura significó en su vida y en su esencia.




Pese a que muchos crean que la biblioteca era el único lugar preferido de Victoria lo cierto es que lo compartía con el placer que le daba su baño personal. Si bien la casa se envió a construir a Inglaterra y luego la trajeron hasta Mar del Plata, el baño de Victoria fue especialmente diseñado en una de las casas de sanitarios mas prestigiosas de París y es una réplica del que ella tuvo en la casa donde vivió mientras allí estudió literatura. Si bien el estado en el que se encuentra hoy es bastante  añejo guarda las formas de principio de siglo, sobre todo en el empapelado de pavos reales litografiados que le dan al ambiente una estética digna de pabellón de exposiciones de arte de aquellos años en Europa.  


La casa  aún hoy es muy acogedora y, viendo las imágenes que se recortan desde las ventanas, no es nada difícil imaginarse como fluiría la inspiración por aquellos años cada vez que se instalaban amplias temporadas estivales y también de invierno.

Estos sillones son originales y eran los preferidos de la escritora. Se encuentran solos en una pequeña sala despojada de cualquier elemento decorativo. Quienes la conocieron dicen que en esa pequeña sala es donde recibía a sus amigos y se dedicaba a conversar largas horas.   

Fotografía cuando apenas cumplía los veinte años 


Retrato de su mayoría de edad. Nótese curiosamente como seguía los cánones estéticos y de higiene de las mujeres europeas, muy diferente del de las argentinas. Muchos ven en esta imagen la contraposición entre la pertenencia a una clase alta, erudita y refinada con costumbres de los mas bajos grupos que, incluso ella misma y su familia detestaban.

                                                                               **
Antes de salir a los jardines volvemos a la sala de entrada y veo una escalera desvencijada que lleva hacia un primer piso que se encuentra prohibido para el público. 

- ¿Que hay allí arriba? ¿Hay más ambientes? le pregunto a la señora que me guía por los pasillos de la casa poniéndola a prueba a ver si hace una excepción con este pobre periodista y me deja echar un vistazo. 

- Sí hay más habitaciones. Entre ellas la de Silvina y la que usaba Bioy cuando venía durante el verano. Debo reconocer que fue muy triste darme cuenta de que en realidad aquel primer piso se transformaba en lo que realmente quería ver y que poco me importaban los espacios de Victoria.

- ¿Como se llevaba con la hermana? - le pregunto - Siempre hubo un mito de que se odiaban... le digo y hago énfasis en los puntos suspensivos dejando en claro que espero una respuesta.

- Silvina le tenía terror - me dijo- mi padre que fue el jardinero de la casa durante años me contaba que aquí mismo Silvina se sentaba al borde de la escalera a leer y que cuando escuchaba los tacones de Victoria enseguida se escondía en el baño o en su cuarto... Muchos dicen que ella era mejor escritora que Victoria, la verdad no se que decirle... yo de eso no entiendo... y nosotras acá las queremos por igual. 

Las que las quieren por igual son ella y su compañera de la entrada, que luego de recibirme jamás volvió a aparecer en la escena. Y el hecho de que hablara de "ellas" como si aún estuvieran vivas me pareció de lo mas curioso.

Exterior de la casa de estilo inglés





Jardines y parques que aportan el toque de vida silvestre a la casa


Los organizadores colocaron figuras casi reales de antiguas fotografías para darle al visitante la sensación de proximidad con la escritora y su obra.

Algunas impresionan

Los jardines son una buena opción para quedarse un buen rato leyendo o tomando sol

Finalmente la señora terminó de mostrarme los jardines y de mostrarme los bancos preferidos por Victoria en los cuales se sentaba a leer largas horas, hasta que ya los años y los achaques de la vida la fueron alejando de sus amados libros. Sobre un amplio paredón que da a una calle desolada un grupo de jóvenes montan cámaras, trípodes y luces y una de ellas toma un micrófono y comienza a describir el lugar.

-Estamos en la Villa Ocampo, casa emblemática de nuestra querida Mar del Plata y que, en los años 40 y 50 fue el sitio por donde pasaron los personajes más increíbles de la cultura internacional...

Me alejo y la chica sigue exponiendo su presentación frente a la cámara. Las figuras de cartón de las diferentes Victorias resaltan entre el verdor del pasto y dan la sensación de que en cualquier momento se van a mover y se van a introducir, así en blanco y negro, dentro de la casa. Camino hacia la puerta y un gato blanco manchado de negro se me refriega en las zapatillas. Me acerco a la puerta de entrada y desde la ventana, la señora que me guió me saluda con una bondad que se me va a quedar un buen tiempo en la retina.

Ya fuera de la casa miro hacia atrás y veo un cartel que, a modo de portarretratos gigante exhibe a Victoria elegante, de guantes blancos y escudriñada por Adolfo Bioy Casares (que mira de modo cómplice a la cámara) y por Jorge Luis Borges que aún sonreía galante. Sólo por eso la envidio. Y ahí mismo me prometo que al llegar a Buenos Aires, intentaré conseguir algunas de sus obras y también los cuentos completos de su hermana, por que como bien dice el refrán:  Cuando el río suena....  

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